• Por Antonio Méndez

¿QUÉ ME PASA, DOCTOR? (1972)

Director: Peter Bogdanovich

Intérpretes: Ryan O’Neal, Barbra Streisand, Madeline Khan, Kenneth Mars.

Howard Bannister (Ryan O’Neal) y su prometida Eunice Burns (Madeline Khan) llegan a San Francisco para asistir a una convención de musicología con la esperanza de conseguir una dotación económica que le permita continuar con sus investigaciones sobre la creación musical de los hombres prehistóricos con las rocas ígneas.

La atolondrada Judy Maxwell (Barbra Streisand), cuya presencia sirve para ocasionar múltiples problemas, se cruzará por su camino e intentará conquistarlo.

El cinéfilo Peter Bogdanovich siempre ha reverenciado a los grandes clásicos del cine. Populares son sus libros de entrevistas con John Ford o Howard Hawks, títulos de ineludible lectura para entender el pensamiento y trabajo de estos colosos del séptimo arte. Es la screwball comedy de Hawks (imprescindible también los textos sobre su obra de Robin Wood y Joseph McBride) la principal referencia para establecer un tributo a la gran comedia clásica del Hollywood dorado, teniendo como máxima remisión la obra maestra “La fiera de mi niña” y el slapstick del cine mudo, en especial cuando rueda la extensa persecución por las calles de San Francisco.

Para el desarrollo de esta comedia, Bogdanovich utiliza una de las principales claves de Hawks en sus películas de humor: el encuentro fortuito entre un personaje masculino timorato y sensato (llamado Howard en homenaje al maestro) con una mujer de fuerte carácter, decidida e irresponsable, que jugará con las emociones de su “víctima” maquinando cualquier estratagema que pueda conseguir sus maliciosos propósitos sentimentales. La batalla de sexos y la atracción de la irresponsabilidad como cimiento para una serie de escenas humorísticas dominadas por el enloquecimiento en las situaciones y los personajes.

El problema es que Bogdanovich, un director con filmes excelentes como “La última película” o “Máscara”, no tiene el talento ni la chispa de Hawks y el trío de buenos guionistas, David Newman, Buck Henry y el director Robert Benton, a pesar de haber escrito plausibles títulos y de crear escenas de cierta gracia (como la del juzgado con un Liam Dunn impagable), en esta película no consiguen acercarse ni de lejos al ingenio cómico mostrado por gente como Dudley Nichols, Ben Hetch, Charles Lederer o Hagar Wilde, a pesar de desplegar una película divertida, narrada con gran ritmo pero con personajes escasamente profundizados.

La pareja protagonista, la cantante e intérprete Barbra Streisand y un Ryan O’Neal imitando a Cary Grant, ambos en su etapa de máximo esplendor artístico, exhala suficiente química para preocuparnos por sus peripecias amorosas, las cuales conciernen directamente a la prometida de O’Neal, encarnada por una debutante Madeline Khan, quien repetiría de nuevo con Bogdanovich y conseguiría sus papeles más conocidos a las órdenes de Mel Brooks.

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