• Por Antonio Méndez

el-amor-en-fuga-cartelDirección: François Truffaut.
Intérpretes: Jean-Pierre Léaud, Claude Jade, Marie-France Pissier, Daniel Mesguich.

Película de la serie protagonizada por el personaje Antoine Doinel. Con guión de Jean Aurel (“La Evasión”, “La Mujer De Al Lado”), Marie-France Pisier (“Celine y Julie Van En Barco”), Suzanne Schiffman (“El Último Metro”, “La Noche Americana”) y François Truffaut (“Besos Robados”, “Domicilio Conyugal”).

Sinopsis

Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud) mantiene relaciones con Sabine (Dorothée), trabajadora de una tienda de discos. Divorciado de Christine (Claude Jade), Antoine se reencuentra con su amor adolescente Colette (Marie-France Pisier), quien está enamorada del primo de Sabine.

Crítica

el-amor-en-fuga-fotoFrançois Truffaut resumió las andanzas amorosas de Antoine Doinel en este título compuesto en gran parte por imágenes de films previos con Jean-Pierre Léaud como protagonista, desde “Los Cuatrocientos Golpes” a “El Amor A Los Veinte Años” pasando por “Besos Robados” o “Domicilio Conyugal”.

Es una comedia de reencuentro y memoria que liga a las parejas de Doinel con un tono cálido, nostálgico y reflexivo.

No está entre lo mejor de su autor pero resulta visible por su ligereza y el encanto que aporta Léaud a su personaje de ciudadano común con algunas maneras de cómico de cine mudo, una especie de antihéroe romántico al estilo Harold Lloyd con trazas también de Jacques Tati.

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Françoise Truffaut


Con treinta años, Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud) está divorciándose de su mujer Christine (Claude Jade) y mantiene una relación amorosa con una librera llamada Sabine (Dorothée). Antoine recordará su pasado cuando se encuentre en una estación de tren con su antigua novia, la abogada Colette (Marie-France Pisier).

Nueve años después de la última entrega de la saga Doinel, Truffaut recompone a modo de epílogo y en forma de mosaico recopilatorio el devenir del niño de los cuatrocientos golpes durante los siguientes veinte años.

Ahora, ya treintañero, Antoine se ha divorciado definitivamente, ha escrito un libro –copia exacta de su vida– y está conviviendo con una nueva pareja, en la que coincidirá con todos los problemas de sus anteriores relaciones.

El film, a todas luces innecesario, se limita a insistir de una forma redundante en el discurso que tan genialmente había desarrollado, desde “Los 400 golpes” hasta “Domicilio conyugal”, pasando por el episodio “Antoine y Colette” y “Besos robados”, elaborado en forma de flash-back con retazos de sus películas (por si no nos acordábamos), nos deja una sensación de ser tratados como espectadores un poco torpes, que necesitan que el “chiste les sea explicado”.

La imposible adaptación del ácrata Doinel a la añorada vida burguesa –o quizás al contrario–, la indeleble huella de la infancia a la personalidad del controvertido personaje, la búsqueda de una desconocida estabilidad familiar, por él mismo malograda siempre que está en su mano, son temas impecablemente desarrollados a través de los filmes anteriores, y que ahora, Truffaut, vuelve a someter a revisión, supongamos que, quizás, a modo de despedida de su personaje más característico.

Ángel Lapresta

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