• Por AlohaCriticón

el asesino de pedralbes cartel poster

EL ASESINO DE PEDRALBES (1978)

Director: Gonzalo Herralde

Intérpretes: Película documental.

A finales de los setenta, Gonzalo Herralde rueda “El Asesino de Pedralbes”,

documental centrado en el testimonio del propio autor del crimen: José Luis

Cerveto. El asesinato se produjo en la Barcelona de finales del franquismo,

y cuatro años más tarde, con Cerveto cumpliendo su condena, el equipo de

Herralde consigue entrar en la prisión de Huesca para entrevistarle.

La película, en su primera parte, repasa la difícil niñez e infancia del

protagonista y sus primeras inclinaciones pedófilas, hasta llegar a la

monumental narración, en primera persona, del asesinato.

La aportación de Cerveto en estos primeros minutos es vital; la intensidad y

la vigorosidad de su discurso constituyen la pieza clave de la composición.

Narrada sin voz en off adicional, con el testimonio del asesino y de algunos

de los personajes que lo conocieron antes del homicidio, se mantiene durante

todo el metraje en un encomiable tono, tratando en todo momento con respeto

al protagonista y sin caer en la tentación de juzgarlo, presentando al

condenado, además, como un ser humano complejo, preocupado por sus acciones

y buscando respuestas a sus sentimientos. Aunque al espectador le asaltará

la duda de hasta qué punto no es simulado su comportamiento.

Mientras Cerveto repasa el pasado, la cámara se pasea, silenciosa, por los

escenarios de su vida y recoge la visión de algunos de los que le conocieron

en esa época. Y Herralde juega con el montaje. Tras escuchar la versión de

Cerveto, no faltará la de algún vecino o ex-compañero que venga a

ratificarla, complementarla o contradecirla, pero sobre todo utiliza el

montaje para abrir un boquete enorme entre el hombre atormentado que busca

respuestas o posibles justificaciones a sus actos y la despreocupación total

de la sociedad que a poco que pueda no tardará en esbozar una sonrisilla al

recordarle o comentar alguna anécdota jugosa.

Después de estos minutos de introducción se llega al clímax con la minuciosa

y fría narración que el homicida hace de su crimen. En un larguísimo plano

fijo, explica todos los pormenores de la fatídica noche, en un despliegue de

ademanes, gestos y miradas, que viene acompañado de una narración tan llena

de detalles que llega a extenuar al espectador.

A partir de este punto la película decae, Cerveto pasa a un segundo plano y

el film se centra en las declaraciones de los que vivieron de primera mano

el juicio (abogado, cronista, madrina de prisión…). Además Herralde se

permite licencias que no había utilizado antes y que resultan un tanto

veleidosas: como la evocación en imágenes de un sueño del condenado, o la

entrevista a varios compañeros de la prisión (donde uno de ellos explica

cómo pasó una noche excavando en la tumba de su madre).

En esta parte, la película se centra en el estado mental del criminal y en

el descontento de Cerveto por la forma en que se llevó el juicio. Mientras

doctores y psicólogos no consiguen ponerse de acuerdo, ni aclarar que tipo

de trastornos padece Cervato. Éste insiste en que merecía la muerte por los

actos que cometió. Sobresale en esta segunda mitad un largo plano

-desenfocado- donde Cerveto muestra su descontento por la inutilidad de

aquellos que, en teoría, deberían ayudarle a “conocerse mejor” y que en

ningún momento se interesaron por las verdaderas causas de sus problemas.

Plano que resumen la angustia y el dilema moral que ha acompañado a José

Luis Cerveto a lo largo de la película y ahonda en la crítica al sistema

jurídico y penitenciario que planea a lo largo del film.

El Jovencito Heinrich

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