• Por AlohaCriticón

EL GUÍA DEL DESFILADERO (2007)

Dirección: Marcus Nispel.

Intérpretes: Karl Urban, Moon Bloodgood, Russell Means, Clancy Brown.

Remake de “El Guía Del Desfiladero” (1987) de Nils Gaup. Con guión de Laeta Kalogridis (“Alejandro Magno”, “Shutter Island”).

Cinco siglos antes de que Cristobal Colón llegara a América, los barcos vikingos ya habían arribado al continente. Un niño superviviente de un naufragio será criado por los indios Wampanoag con el nombre de Ghost. Cuando los vikingos retornen al lugar, Ghost (Karl Urban) tendrá que combatir contra su propio pueblo.

Fabulación histórica que de fabulación tiene mucho y de rigurosidad histórica nada. A los vikingos los visten como orcos cruzados con la mitología de Conan y con los “monstruos” eurovisivos Lordi, y los tachan, en su faceta de “malos de la película”, de descerebrados y salvajes. Por el contrario los nativos del lugar son sabios, serenos, y de un poso filosófico que ríase usted de Kant.

Al estilo “300”, lo único que les importa a los hacedores de este “Pathfinder” es chulear de efectos digitales, e impactar infantilmente con imágenes sensacionalistas, convirtiendo un hecho histórico en un aburrido videoclip de gore blandengue.

El guión tiene mil agujeros, los diálogos casi no existen, se toma demasiado en serio cuando se maneja con naderías, los personajes son estereotipos cuando no caricaturas, y la historia aventurera-heroica de conquista, identidad personal, y venganza, no interesa más allá de su simplona explotación visual.

El trabajo de cámara y la narración son insuficientes. La cámara lenta se emplea de manera gratuita y se producen arritmias.

Además, el punto fuerte para su público objetivo, las escenas de lucha, resultan confusas con planos cortos y el clásico horrendo trabajo de montaje actual, que impide la visión clara de lo que está sucediendo.

De lo poco salvable es la lírica aparición del caballo blanco (se supone que un nativo americano jamás había visto un caballo hasta ese momento), su tono oscuro (nada original), la captación hermosa de los escenarios montañosos, helados y nevados (algo exigible), y la incidencia de éstos en la resolución el conflicto, en especial el intenso clímax, a pesar de que éste recaiga en tópicos de renacimiento villanesco y que algunas acciones clave para su resolución no tengan explicación (¿no podría alguno cortar la cuerdecita a pesar de que Nispel y sus amigos crean que estos soberbios marinos son aneuronales?).

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Karl Urban

Moon Bloodgood

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