• Por Marta Canacci

el-hijo-de-saul-cartel-peliculaDirección: László Nemes.
Intérpretes: Géza Röhrig, Levente Molnár, Urs Rechn, Todd Charmont.

Con guión de László Nemes y Clara Royer.

Sinopsis

Año 1944, campo de concentración de Auschwitz. Saúl Auslander (Géza Röhrig) es un prisionero húngaro que trabaja en un horno crematorio obligado a quemar los cadáveres de los habitantes de su propio pueblo. Un buen día, Saúl cree descubrir a su propio hijo en el cuerpo de un joven muchacho, al que intentará salvar de las llamas para buscar un rabino y enterrarlo según sus creencias.

Crítica

Debut del húngaro László Nemes. El protagonista es Saúl, un “sonderkommando”, nombre dado a los prisioneros judíos que, a cambio de alargar unos meses más su vida en mejores condiciones que el resto de prisioneros, ayudaban a los nazis a la exterminación de otros judíos. Conducían a los presos a la cámara de gas, transportaban los cadáveres a los hornos crematorios, tiraban sus cenizas al río.

el-hijo-de-saul-foto-criticaEl protagonista está moralmente aturdido por el horror. Es un alma desgarrada. Su vida no tiene sentido y necesita algo a lo que agarrarse, una evasión, una esperanza. Cuando encuentra el cuerpo de un niño que todavía respira después de pasar por la cámara de gas, y muere como no debería, Saúl lo toma como su hijo, como un símbolo al que se aferra buscando de forma desesperada la salvación de su espíritu, una odisea redentora en la que llega a poner en peligro a los vivos para poder salvar a un muerto.

Nemes quiere introducir al espectador dentro del campo de concentración. Que viva el horror, la confusión, el caos, la angustia, el absurdo, la crueldad extrema. Lo consigue utilizando recursos de sonido hiperrealistas en el que se escuchan los roces, los murmullos, la respiración, los gritos, los susurros.

Seguimos a los personajes con cámara al hombro, tomas cortas, largos planos secuencia en los que nos pegamos literalmente al protagonista, en su cara, en la nuca. Se plantean escenas con corta profundidad de campo y uso de “shallow focus”. Los encuadres son asfixiantes, claustrofóbicos.

En las condiciones en las que se encuentra Saúl es imposible tener una visión global de lo que pasa desde dentro, difícil tomar decisiones éticas. Esas sensaciones, esas imposibilidades, se transmiten a la perfección por László Nemes. Las dependencias, los barracones, el funcionamiento de las unidades de trabajo, las relaciones, organigramas… se intuyen. La forma en que está rodada obliga a la desorientación.

Saúl, al contrario que al resto de los “sonderkommando”, no se preocupa por la rebelión colectiva, apenas le interesa su liberación, su propósito es espiritual, de redención, delirante, distorsionado. Únicamente busca de forma desesperada un rabino que salve el espíritu del niño que dice ser su hijo, quiere darle un entierro digno.

El director consigue reflejar la tragedia visionaria y enferma del protagonista. La manera en que se muestra el horror que le rodea lo hace aún más angustioso, más insoportable. Es descorazonadora.