• Por AlohaCriticón

EL INGLÉS QUE SUBIÓ UNA COLINA PERO BAJÓ UNA MONTAÑA (1995)

Dirección: Christopher Monger.

Intérpretes: Hugh Grant, Tara Fitzgerald, Colm Meaney, Ian McNeice.

Un par de cartógrafos ingleses del ejército llegan a un pueblecito de Gales con el propósito de medir la montaña que preside aquel lugar. Después de determinar que aquella montaña tan sólo es una colina, el pueblo entero se apresta para solucionar el problema que eso les plantea de la mejor manera que saben.

Cuando las películas cómicas se aferran a chistes fáciles y diálogos insustanciales, aparece como de la nada esta maravillosa película. Cómica, romántica e incluso dramática en ocasiones.

Partiendo de un argumento que en principio pudiera parecer absurdo, surge una trama original, muy bien hilvanada y construida, respaldada por un grupo nutrido de personajes dignos de pugnar por el protagonismo de la película. Así nos encontramos con un Hugh Grant glorioso en su papel de cartógrafo timorato e introvertido, torpe y dulce a la vez, uno de esos papeles a los que tan acostumbrados nos tiene y que tan bien desarrolla. A su lado el huraño, díscolo y cómicamente degenerado tabernero del pueblo Colm Meaney, un secundario de lujo. El tercero de estos principales personajes es un recto, resolutivo y ambicioso sacerdote, que se erige en líder de los ofendidos habitantes de su parroquia. A todos ellos acompañan personajes tan pintorescos como los hermanos Bobo, el pretencioso y soberbio superior de Huhg Grant, caracterizando de la mejor manera posible la suficiencia con la que tradicionalmente tratan los ingleses a sus vecinos de norte y sur. También encontramos al recto e incomprendido maestro rural, que se sitúa del lado de la razón, frente al fanatismo más absurdo que capitanea el sacerdote. Y cómo no, Tara Fitzgerald, en el contrapunto romántico de la película, un personaje que se complementa a la perfección con el protagonizado por el “flojeras” de Grant.

La fotografía, magnífica, recrea con gusto usos y rincones de Gales con tan buen criterio como la banda sonora, que pasando tal vez en ocasiones desapercibida, no desentona con la narración de toda la película. Magnífica es también la ambientación de los primeros años del siglo XX, buena caracterización de sus personajes, y en definitiva una espléndida dirección artística, con estupendos e inteligentes diálogos, de entre los que destacaría los protagonizados por los antagonistas personajes del cura y del tabernero. Diálogos afilados, sarcásticos e ingeniosos, sin caer nunca en lo zafio ni en lo ordinario. Un solo punto negro en todo el metraje al trabajo de dirección de Christopher Monger, quizas tan solo gris, el final, donde la película pasa a ser documental, con la aparición jocosa de los actuales habitantes de Ffynnon Garw, planteándose de nuevo elevar su montaña unos metros más hacia el cielo.

En definitiva, una película para ver una y otra vez, para recrearse con ella, y para conservar si somos aficionados a la cinemateca. Imprescindible sin llegar a obra maestra.

Josedeza

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Hugh Grant

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