• Por AlohaCriticón

EL MAQUINISTA (2004)

Director: Brad Anderson.

Intérpretes: Christian Bale, Jennifer Jason Leigh, Aitana Sánchez-Gijón, Michael Ironside.

Trevor Reznick (Christian Bale), trabaja en una fábrica como maquinista y sufre de un insomnio que le ha impedido dormir desde hace un año. Esta falta de sueño ha conllevado un deterioro importante de su condición física y mental, que termina por repeler a sus propios compañeros de trabajo.

Trevor angustiado por su situación se ve envuelto en una paranoia y una confusión psicológica que le hacen dudar de su cordura.

Thriller psicológico con elementos dramáticos que escarba en el lado oscuro y la singularidad de una situación alucinatoria, envolviendo la historia con una gradación paranoica, sucia, velada y sombría, y una brillante interpretación de Christian Bale que logra someterse a la perfección a la personalidad requerida en un personaje marcado por la ofuscación y la angustia en un ambiente pesadillesco, idóneamente diseñado por Alain Bainee y fotografiado por Xavi Giménez y Charlie Jiménez.

Brad Anderson (“Session 9”) despliega con tirantez su narrativa, configurando momentos de intenso suspense con alguna que otra pincelada surreal, aunque la película, escrita por Scott Kosar y comedidamente absorbente en su subrayado, destaca más que por su artesanal entramado en este aspecto por el capaz estudio del personaje central, incorporado por un descarnado y magnético Bale, quien seguro que por su transformación física recibirá las alabanzas previstas por el personal más impresionable.

Sin embargo el énfasis atmosférico post-noir y el tratamiento estilizado de una historia un tanto, al igual que su protagonista, enflaquecida en su deglución paranoica, no deja de resultar pretenciosa y derivativa en casi todos sus aspectos, y agradecida para el espectador sesudo por el tono, la fosca composición estética y la falsa complejidad, con repiques en varios conceptos del proceder de Christopher Nolan, Martin Scorsese, David Lynch o Alfred Hitchcock, pero poco se eleva más allá de una premisa interesante, un sentido visual imponente con una lograda atmósfera y una memorable interpretación, lo cual tampoco es moco de pavo.

Enlaces

Christian Bale

Jennifer Jason Leigh

Hace ya unos años que a los espectadores/consumidores de cine/entretenimiento se nos sorprendió con una película titulada “El club de la lucha”. Los que la vimos fuimos sorprendidos. Ninguno de nosotros esperaba una resolución de la trama tan sugerente, hipnótica y pseudo-filosófica (hablo por supuesto de todos los que aún no habíamos leído el libro) porque en su conjunto, parecía que la historia no iba por un camino como aquél por el cual acaba desviándose, un camino más intrascendente y superficial que metafísico… y sí: metafísica pura nos acabó pareciendo a muchos.

La historia se repite, o al menos eso me parece a mí, pero nadie puede negarme que “El maquinista” bebe de aquél film (¡qué digo bebe! “se emborracha” de semejanzas). Estoy dispuesta a admitir que el propósito es diferente, me explico: la idea es la misma, se trata de sorprender con el desenlace, vale, pero al contrario de lo que pasaba con “El club de la lucha”, esta película hace grandes esfuerzos desde su comienzo para que el espectador no quiera perder detalle, advierte de que “algo raro pasa” y de que ni el más listo de la sala va a ser capaz de adivinarlo antes de tiempo. Aun así, todos lo intentamos y todos somos vencidos.

“El club de la lucha” es una película de aspecto rosa sucio, violentamente sucia y de color rosa intenso.

“El maquinista” es azul y está podrida; si los protagonistas de la primera se daban de hostias para hacer desaparecer el dolor que supone vivir, convivir y existir en la sociedad que les ha tocado, en la segunda, es el hiperactivo esqueleto de Christian Bale, que lo abofetea por dentro en cada reflejo ante el espejo, en cada comentario despectivo de los que lo rodean (“si adelgazases más desaparecerías…”) el encargado de mantener despierta a la mente de su personaje y evitar que se duerma, porque “algo raro pasa” y sabemos que no lo sabemos, así funciona el suspense.

“El maquinista” está muy bien, pero “El club de la lucha” tiene más clase, lo siento. “El maquinista” sorprende al que se adivina sorprendido y es excesiva creando atmósfera; también lo es la otra, pero de forma necesaria e inevitable, porque “maldad, caos, jabón” no es un lema casual para una película que denuncia el exceso y que cuenta la forma de combatirlo con más exceso todavía.

” El maquinista” se acomoda en el “mal rollo” que persigue al protagonista hasta el desenlace (porque ya nos habíamos dado cuenta de que algo lo atormenta y no era necesario machacarlo intentando además ser subliminales) busca la fórmula, se aproxima a ella y casi la alcanza, pero no. Los más listos se sentirán estafados y los menos ambiciosos se darán por satisfechos; todos los demás, sencillamente, sabremos que por lo menos, lo hemos intentado.

Villarquide

Una obra más para el cine con trazos psicológicos, sin mucha o nada de innovación se nos abre paso a la historia de Trevor Reznick cuyas horas de sueño le han sido robadas, cayendo en un insomnio interminable, ¿porqué no puede dormir?, ¿qué es lo que atormenta a su ser?, les diré que ni él lo sabe.

Me ha parecido un pillaje hacia el espectador, sentarse casi dos horas a visionar un producto vacío y sin mucha pretensión, logrado ser parte de la tendencia caprichuda que está en boga últimamente, falta hondura en estos productos, algo más allá de la mente y la percepción, así como lo existente y lo inexistente, lo creado por nuestra masa gris o la ausencia del estado conciente; la subjetividad es el punto principal del filme, siendo el único ingrediente que nos brinda suspense, pues ante todo y sobre todo se encuentra la incertidumbre, esto como pretexto para dar hincapié en la trama supuestamente principal.

Lo oculto, lo que se encuentra en la espesura es lo que nos invita u obliga a continuar, es necesario y esencial que el director mantenga un pulso adecuado para así dar paso a la intriga, cosa que no ocurre satisfactoriamente en este producto.

Ahora bien debemos pensar que la estética con que se maneja todo es impecable, o mejor dicho: adecuada, como debía ser, es una metáfora entre el espacio y universo en que habita nuestro personaje, una proyección de su estado mental, los trazos que emanan el oscurantismo tenue o absoluto son un aspecto rescatable, así como la actuación de Christian Bale, el cual denota un profesionalismo exorbitante, sin embargo se encuentra solo en escena, todo es acerca de su personaje, no hay más que tenues bosquejos sobre aquellos que le rodean, es el único y particular tratado del protagónico, como si se efectuara un soliloquio mental o psicológico: sólo, pero perdido.

Lo que me desconcierta es el intento fallido de crear una historia que no tiene ningún efecto sobre el espectador, seguimos sin mucho contenido reflexivo y se desequilibra entre lo visual (bien elaborado) y lo verbal que decae en lo fatuo.

La música me ha parecido una exageración, la ambientación que nos brida la banda sonora no es precisamente lo que demanda la historia, me ha recordado a “Psicosis”, los tonos que solía usar el maestro Alfred Hitchcock, aunque mal imitados en esta película, así como alguna escena que me recuerde a Kubrick.

Para terminar sólo diré que el mismo aspecto lúgubre y oculto que emana el filme es lo que me ha inspirado a verlo, lo mismo que pueda tal vez incitar a otros espectadores, pues al menos tiene una imagen que se ha vendido apropiadamente.

Lucio Rogelio Avila Moreno

Enlaces

Christian Bale

Jennifer Jason Leigh

Puntuación

AlohaCriticón:
Usuarios:
[Total:91    Promedio:4/5]

Tú también puedes votar. Desliza el ratón por las estrellas verdes para dejar tu puntuación

Te puede interesar