• Por Antonio Méndez

Dirección: Mark Herman.
Intérpretes: Asa Butterfield, Jack Scanlon, Vera Farmiga, Rupert Friend.

En la época nazi, Bruno (Asa Butterfield), un niño de ocho años hijo de un oficial de las SS, deja Berlín para trasladarse a un caserón en la campiña, nuevo lugar de destino de su padre. Allí comienza una amistad con Shmuel (Jack Scanlon), un niño judío de su misma edad que vive encerrado en un campo de concentración que él confunde en principio con una granja.

John Boyne ha sido la revelación literaria de los últimos tiempos gracias a la novela que titula también su adaptación cinematográfica, una sencilla pero penetrante historia que gira en torno a la vinculación entre dos inocentes niños con el terrible holocausto nazi de fondo.

El material de Boyne es tan estimable que incluso el director y guionista británico Mark Herman, que no había sobresalido demasiado con sus cintas previas, consigue una película sobre pérdida de inocencia muy meritoria, expuesta con sobriedad y sensibilidad, acentuada por la partitura de James Horner, quien emplea pianos y cuerdas de manera muy efectiva.

La película aborda el peligro de los totalitarismos (en este caso nazi pero extensible a todo tipo de ideologías impositivas) con su pensamiento único que conlleva la instauración obligatoria de símbolos y neomitologías (reales o ficticias), la anulación del librepensamiento y del individuo, el lavado de cerebro con adoctrinamiento desde la infancia, el odio irracional, el falseamiento del presente y del pasado en pos de un objetivo instaurado por el autoritarismo, la amenaza y el exterminio.

Todos estos objetivos, en mayor o menor medida y sin estridencias, son apreciables en las experiencias infantiles que fundamentan una película contemplada a través de la perspectiva de un chaval de ocho años llamado Bruno.

La sensacional interpretación que hace de Bruno el niño Asa Butterfield es un aspecto decisivo para el triunfo del film.

Aunque posee ligeros subrayados, alguna posición estereotipada, y situaciones escasamente creíbles en un escenario poco propicio al contacto personal como son los límites de un campo de concentración (aunque sean niños), Herman sabe humanizar a sus personajes principales, jugar con los contrastes y las metáforas, manejar el tempo sin resultar moroso ni acelerado, y dotar de fuerza emocional a su mensaje, alcanzando el punto culminante con su poderoso clímax.

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Asa Butterfield
Vera Farmiga
Rupert Friend

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