• Por AlohaCriticón

EL PUEBLO DE LOS MALDITOS (1960)

Director: Wolf Rilla

Intérpretes: George Sanders, Barbara Shelley, Michael Gwynn, Laurence Naismith.

Todos los habitantes de una apacible villa inglesa se ven sumidos, durante varias horas, en un inexplicable letargo, del que despiertan sin aparentes secuelas. Pronto queda de manifiesto que todas las mujeres del pueblo en edad de concebir han quedado embarazadas.

Los niños que nacen al cabo de pocos meses, de desarrollo precoz, extremadamente inteligentes, telépatas y sin emociones (salvo la de la autoconservación a toda costa), se harán cada vez más difíciles de controlar.

Aunque resulte tópico, es este un magnífico ejemplo de como es posible realizar una obra magistral de ciencia-ficción/terror con bajísimo presupuesto (si no contamos el que les supondría pagar a George Sanders y a Barbara Shelley), casi inexistentes efectos especiales, austeridad y un ritmo pausado, siempre que se cuente con una idea interesante y se sepa llevar adelante con talento.

Esto es precisamente lo que hace el escasamente conocido Wolf Rilla con la novela de John Wyndham, “The Midwich cuckoos”.

Co-guionista y director, Rilla da una lección de contención y dosificación de la intriga y muestra, en una gradación perfecta, la transición de la perplejidad y el desconcierto de la gente (no solamente la del pueblo) a la inquietud y finalmente al miedo declarado. La idea de la irrupción soterrada de lo extraño y fantástico en lo absolutamente cotidiano ha dado ya buenos frutos en otras ocasiones (recordemos, sin ir más lejos, “La invasión de los ladrones de cuerpos” de Don Siegel, otra obra maestra del género).

La acción destructiva de un monstruo antropófago o la de un psicópata con sierra mecánica pueden resultar más o menos terroríficas, según los casos; pero la verdadera y profunda inquietud surge cuando un hermano, un hijo, un amigo, al que conocemos de toda la vida, nos mira con una mirada que no es la suya o sonríe con una sonrisa que no le pertenece.

En el film que nos ocupa, el nacimiento misterioso, asexual, de los niños, su rápido desarrollo físico y mental, su carácter frio y extrañamente uniforme, en ningún modo “infantil”, crean en el pueblo una atmósfera de amenaza latente y difusa que, por lo demás, se concreta de forma trágica y macabra en aquellos casos en que estos “intrusos en lo cotidiano” se sienten realmente amenazados. (Dicho sea de paso, es seguramente su propia incapacidad emocional la que les hace ciegos ante la evidencia de que una actitud menos fria y hostil haría mucho más segura su tan ansiada supervivencia.)

En “El pueblo de los malditos” se suman a este sutil “horror tranquilo”, antes mencionado , unos breves y acertados apuntes globales de tono casi apocalíptico (acontecimientos similares en otros países hacen pensar en una invasión a gran escala). También contribuye a aumentar el misterio el hecho de que no exista una explicación clara e indiscutible de los acontecimientos (parece tratarse de una avanzada alienígena pero la idea no queda confirmada; los niños hablan vagamente de que alguien ha de “venir a buscarlos”).

Todos los actores están muy en su lugar y contribuyen a conferir un aire de naturalidad y verosimilitud al conjunto.

En conclusión, se trata de un producto de ciencia-ficción, aunque modesto en sus pretensiones, inteligente y altamente recomendable.

Debe recordarse que existe una nueva versión (bastante penosa) de esta película, dirigida por John Carpenter en 1995.

Andrés Lozano

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George Sanders

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