• Por AlohaCriticón

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Dirección: Ridley Scott.
Intérpretes: Orlando Bloom, Liam Neeson, Eva Green, Jeremy Irons.

Con guión de William Monahan (“Infiltrados”, “Red De Mentiras”).

Año 1186. Godofredo de Ibelin (Liam Neeson) es un caballero del rey de Jerusalén que logra encontrar a su hijo ilegítimo llamado Balian (Orlando Bloom). Éste es un joven herrero francés que, tras sufrir la pérdida de su mujer y su hijo, se une a Godofredo en la defensa de la Tierra Santa.

Después de pasearse por la Antigua Roma con la inflada “Gladiator”, Ridley Scott viajó de nuevo en el tiempo para ubicarse en la época de las Cruzadas con “El Reino De Los Cielos”, un título épico bastante mediocre que no consigue elevarse por encima de las taras habituales del cine de Scott, en especial el absolutismo esteticista a la que somete a casi todos sus proyectos y el consiguiente desequilibrio con historia y personajes.

Cuando adapta buenas historias basadas en novelas o relatos de entidad, como “Blade Runner” de Philip K. Dick o la estupenda “Los Duelistas” de Joseph Conrad, y se rodea de gente con talento, como Moebius en “Alien”, o calca películas previas, como “Thelma y Louise”, semiplagio del “Messidor” de Alain Tanner, pues incluso rueda títulos de alguna enjundia, en especial las tres primeras y recomendables obras de su filmografía.el reino de los cielos fotos pictures orlando bloom kingdom of heaven

Centrándonos en “El Reino De Los Cielos”, película rodada en diversos lugares de España, resulta sumamente importante para conceder valía a un título épico-histórico desarrollar de manera suntuosa y espectacular, a lo Cecil B. DeMille (quien por cierto también había dado su visión de las Cruzadas en 1935 con Henry Wilcoxon y Loretta Young), una historia adecuada que se sustente en hechos históricos fidedignos, incluso combinados, dentro de una funcionalidad de mero escapismo cinematográfico, con la fabulación ficticia y/o quimérica que enaltezca las virtudes y defectos del período, recreándolo con la máxima habilidad en atmósferas y lugares, y, sobre todo, que enfatice las fortalezas y también, si existen dentro de su retrato psicológico, las debilidades de su protagonista principal, para que el mismo posea un auténtico alcance heróico, un carisma y una personalidad que atraiga al espectador y que le haga sentir partícipe de sus hazañas.

Orlando Bloom, a pesar de que lo desaliñen con barbilla, no puede sustentar la tipología de héroe necesaria para aportar grandeza a una historia épica para alguien que ya peine o se depile el pecho, todo lo contrario que otro protagonista del film, Liam Neeson, cuya aportación a la película podía resultar mucho más importante para otorgar empaque a un conjunto que por otra parte rebota en cuestiones morales e ideológicas escasamente particulares y en actitudes y escenarios remedados de títulos previos.

“El Reino De Los Cielos” no deja de ser un revoltijo épico-histórico-religioso con estrepitosas escenas de batallas, sobrio, lustroso… pero plano, aburrido, con diálogos latosos, dudas espirituales y apuntes filosóficos e ideológicos risiblemente anacrónicos (pero hábilmente contextuales en el tiempo presente con las falaces épocas de encuentro y desencuentro entre culturas que corren) y tendenciosos (aunque se supone que de buenas intenciones en base a tolerancia mutua y en contra del fanatismo) en cuanto a cuestiones sociales y religiosas, que podrán ser muy adecuados para unos y gratuitos para otros, especialmente cuando, desde diversas partes, se farfulla en nombre de Dios para asesinar y montar reyertas entre civilizaciones. Eso sí, el lujo en su plasmación estética y el gusto por el minucioso detalle se hacen notar, que de eso sí sabe Ridley Scott.

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Ridley Scott
Orlando Bloom
Jeremy Irons
Brendan Gleeson
Liam Neeson
Eva Green
Michael Sheen
Edward Norton


Balian (Orlando Bloom) es un joven herrero francés cuya mujer acaba de

fallecer. Un día llegará a su negocio la caravana de caballeros presidida

por Godofredo de Ibelin (Liam Neeson), que le confiesa ser su padre y le

invita a partir con él rumbo a Jerusalén para defederla de los musulmanes.

Balian decidirá partir a Tierra Santa para poder expiar sus pecados.

“El reino de los cielos” es la nueva propuesta del veterano Ridley Scott, un

director que comenzó haciendo sus pinitos en el mundo de la publicidad y que

debutó en el cine en la segunda década de los 70 con la excelente “Los

duelistas”. Posteriormente firmó clásicos del séptimo arte como “Alien” o

“Blade Runner”, para sumirse en la más absoluta irregularidad, con proyectos

fallidos y otros más conseguidos.

Así pues, tras realizar la menor “Los impostores”, Scott vuelve a ofrecernos

una nueva cinta adscrita al género de las superproducciones, tratando el

tema de las Cruzadas, las guerras que cristianos y musulmanes mantuvieron en

la Edad Media para lograr el control de enclaves bíblicos. Cabe decir que el

rigor histórico queda un tanto sublimado, aunque el director ya confesó que

no pretendía realizar un documental.

De esta manera nos encontramos ante una película filmada con grandiosidad,

que en cada plano hace constar los dólares invertidos en ella, en la que

Scott pone nuevamente de gala su dominio de la factura fílmica, con una

cuidada puesta en escena. El film resulta entretenido en sus dos horas

largas de duración, aunque no pude quitarme de la cabeza la idea de que la

cinta había sido cercenada, que había sufrido tijeretazos en la sala de

montaje. Esto resulta muy evidente en la subtrama de la princesa Sybilla,

encarnada por la turbadora Eva Green, que evidencia importantes cortes.

También hay otros momentos en los que las cosas suceden un poco porque sí,

sin quedar muy claro. Exigencias de producción para no hacer muy larga su

duración, al parecer.

También podemos decir en su contra que los momentos de lucha están cortados

por el mismo patrón que estableció “El señor de los anillos”, ya que el

asedio de Jerusalén parece cualquier lucha de la sobrevalorada trilogía. Sin

embargo a su favor hay que destacar el enfoque de Scott al presentar a moros

y cristianos, sin partidismos fáciles, si acaso son los fanáticos cristianos

quienes salen peor parados (los templarios, por ejemplo, son puestos a caer

de un burro). De su elenco actoral hay que destacar el buen hacer de todos

ellos, salvo el de su protagonista, Orlando Bloom, que demuestra no tener la

valía suficiente para dar empaque a su rol, resultando bastante soso con un

personaje más contradictorio de lo que hace ver, necesitado de un intérprete

con mayor carácter o carisma que el nulo que exhibe Bloom.

En resumidas cuentas, nos hallamos ante una película interesante, que a

veces escatima batallas con acierto (veáse el momento de los buitres

devoando a los cadáveres de una batalla que no se llega a ver), que se

antoja entretenida y que no resulta tan insultante como si detrás estuviese

el inefable Bruckheimer (recuérdese “El rey Arturo”). Cine comercial

aceptable, que podía haber dado para más, pero que no cae en la

grandilocuencia que tanto perjudicó a “Alejandro Magno”.Miguel Larrinoa

La combinación de rasgos relevantes como lo es la épica, el drama y la religión, son una combinación difícil de entrelazar, que sino se tiene el debido cuidado puede dejar mucho que desear; tal es el caso de este filme, cuyo material era exquisito, pero desperdiciado en este fenómeno de taquilla carente de originalidad, y amor al arte.

“El reino de los cielos” falla en muchos aspectos, uno seguido por otro, comenzando por su tempo acelerado y no pautado, que depara una historia arrítmica, englobando algunas escenas truncadas y otras innecesarias, fracasando en su aspecto dramático, al no poder provocar empatía alguna con sus personajes, los cuales carecen de un buen tratado en escena y opacados por la vacua actuación de Orlando Bloom, el cual ha demostrado que carece de talento y experiencia, secundado por el escaso guión amuermado, que podría haber ofrecido más que lamentos o dudas carentes de meollo, poniendo en escena a grandes actores como lo son Liam Neeson y Jeremy Irons, los cuales se ven notoriamente desaprovechados, pues no supieron explotar su rutilante talento como actores, y me pregunto, ¿dónde quedó ese Liam Neeson que vimos en Michael Collins?, en aquella película en la cual explotaron su porte y presencia como líder de guerra, en aquel papel en el que decía diálogos trascendentes, no como estos diálogos precarios que no aprovechan el tema religioso al máximo, mostrando dudas decadentes y poco impactantes, tomando en cuenta que en esa época se tenía fanatismo hacia Dios y se podían explotar ese pensamiento pingüe que terminaban por dominar a los grandes líderes sociales y políticos del mundo.

Sin provocar una buena experiencia al ver una perspectiva muy violenta, me refiero a que pareciera que el director era Tim Burton o Quentin Tarantino, por el constante y exagerado derrame de sangre innecesario, visto de una óptica más que insana o trascendente, de espectáculo, pues esto es “El reino de los cielos”, un espectáculo de grandes batallas, con extravagantes magnitudes de sangre, que pareciera que te van a salpicar la cara, pues podemos decir que tenemos cientos y cientos litros de sangre, pero si no se les da el enfoque adecuado lo único que propician es una estadía incomoda en el cine, pues ¿qué es lo que ha entendido Ridley Scott por épica?, lamentablemente también fracasa en este aspecto, al ver una trama carente de ese espíritu de proeza, desdeñando y transformando este concepto en una miscelánea de sentimientos y negaciones, afligimientos y contradicciones, tornando una imagen del héroe con valentía y carácter, pero con pensamiento y expresión anacrónica, interpretado por un actor taquillero, el cual asegurará los ingresos económicos del filme, mostrando su cara como emblema de algarabía, pero decadente en todos los demás aspectos, retomando una música ya escuchada desde “El señor de los añillos” hasta la última adaptación del “Rey Arturo”, pero eso si, todo el escenario plagado de una muestra de un elevadísimo pecunio, intentando cubrir estas deficiencias con un manto alegórico y un castillo bien formado, en el cual habita un sin par de sentimientos y anhelos mal embaucados, y mal desvueltos, truncando la marcha del filme, pues aunque estoy de acuerdo que no quisieron hacer un cliché en el aspecto de bélico (por filmes como “El señor de los anillos”) editaron ciertos momentos de lucha, restándoles un ritmo de disfrute, pensando que tal vez el desenlace llegue con una batalla, las cuales desprenden suspiros, y no por la empatía emanada, sino por la decepción.

No obstante debo admitir que soy un gran fan de las películas inspiradas en la época medieval, trotes con armas, carrera de caballos, naufragios, luchas, batallas, etc. y me agrada el momento en el que se hacen tratos o “términos de guerra”, los momentos previos a una batalla y los sentimientos que se desencadenan estos mismos, pero desgraciadamente esto ha decaído, naufragado y parte de ellos se ha olvidado; sin duda “El reino de los cielos” consta de estos aspectos, los cuales son rescatables y hasta cierto punto loables, pero e su gran mayoría la película es decepcionante.

Lucio Ávila

Corre una bastante malsana tendencia actualmente, que consiste en despreciar cualquier película de gran presupuesto y efectos digitales sólo por el hecho de ser comerciales; o en todo caso, intentar encontrar en ellas el mayor número de defectos posible. Tendencia que está afectando seriamente a la nueva oleada de cine épico, y por la cual se han crucificado films bastante dignos como “Troya”, “Alejandro Magno”, o esta “El Reino de los Cielos”, en la que Ridley Scott regresa al género después de la excelente “Gladiator”.

Con respecto a las nuevas producciones de su mismo corte, esta es una película que se sitúa en un término medio. El criticado rigor histórico de la cinta no hace otra cosa sino demostrar que no es el momento tal y como fue en realidad lo que a Scott le interesa. El director ha buscado un tiempo que le permitiera hablar del choque de civilizaciones, de la tolerancia, de lo bueno y lo malo de la religión…y encontró uno adecuado en el que se ambienta en el film. En él, ha introducido todos estos temas contemporáneos, que si bien no se tratan en profunidad, sí que se perfilan lo suficiente como para que el conjunto vaya más allá de lo meramente comercial y plano. Todas estas decisiones serán más o menos discutibles, pero son las que Scott ha decidido tomar, y en mi opinión no resienten el resultado final de la cinta.

De todas formas, el film es irregular, especialmente en lo referido a su primera media hora (con un Liam Neeson no tan solvente como en otras ocasiones), en el personaje de Eva Green, que se deshincha a medida que avanzan los minutos (no así su actuación, portentosa), y en el innecesario epílogo, que rompe el buen clímax que se había alcanzado. Sin embargo, toda la parte central de la cinta es más que notable, alcanzando momentos de gran emotividad como los protagonizados por Edward Norton y Ghassan Massoud. Orlando Bloom logra también una buena actuación (muy criticada igualmente por la tendencia citada al principio), que si bien no es inolvidable, es más que suficiente.

En cuanto a las batallas, Scott no logra convencer en los primeros enfrentamientos, pero se redime en el asedio final, muy bien rodado, que constituye la parte mejor montada de la película, y logra añadir nuevos elementos a la épica moderna, que mostraba síntomas de agotamiento (recordar las horribles batallas del “Alejandro Magno” de Stone, lo peor de aquella cinta), si bien roba algunas ideas a Peter Jackson, lo cual no deja de ser perdonable. Además, no existe un abuso de combates, lo que es de agradecer.

Técnicamente la cinta es impecable. Quizás recree una edad media demasiado limpia, pero la fotografía y ambientación están logradas. La música también es reseñable, aunque sólo a partir de la primera hora de metraje. Lo único que se resiente en este apartado es el montaje, que salvo en la batalla final, se antoja mutilado y/o mejorable.

De todas maneras, lo que constituye finalmente “El reino de los cielos” es una más que interesante película, que podía haber sido mejor, pero que vuelve a demostrar que la comercialidad no está reñida con el arte, y que el cine de masas también tiene cosas que decir, aunque lo haga con alguna imperfección. ¿Acaso existe el caballero perfecto?

Wishi

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