• Por AlohaCriticón

el ultimo cazador cartel poster

EL ÚLTIMO CAZADOR (2004)

Dirección: Nicolas Vanier.

Intérpretes: Película documental.

En el Yukon canadiense, en la inmensidad de las Montañas Rocosas, pasa

su vida Norman Winther, un trampero que aprovecha el invierno para cazar

y luego vender en Dawson City las pieles de los animales capturados.

Además de la jauría de perros que le acompaña en sus expediciones,

Norman recibe el apoyo diario de Nebraska, una nativa que le hace más

llevadera su solitaria existencia.

Tan nítida es la semejanza de “El último cazador” con el antecedente

lejanísimo de “Nanuk, el esquimal” (1922), que el propio director, Nicolas

Vanier, no duda en presentar a uno de los canes que aparecen en su

documental de ficción, con el nombre del protagonista de la legendaria

película de Robert J. Flaherty.

Rodada en latitudes próximas a las tierras que pusieron paisaje al filme

comentado con anterioridad, Vanier es consciente del impacto visual que

puede provocar la belleza que rodea aquellos parajes y aprovecha, por

tanto, cualquier ubicación y tiempo para colocar oportunamente la cámara y

sacar el máximo partido a exteriores tan fastuosos.

Ya desde su prólogo, en el que utiliza un helicóptero para captar la

espectacularidad del vasto territorio nevado hasta adentrarse en un gran

cañón por donde corre Norman con su tiro de perros, se percibe

claramente el tipo de idea que Vanier desea transmitir.

Los comentarios en “off” de Norman a lo largo de la cinta, de marcado

carácter ecológico, y el hecho de que una organización para la protección

de la naturaleza se haya involucrado en la producción, son detalles que

sirven para reflexionar acerca de, si la gran cantidad de películas y

documentales que se han realizado y giran sobre la misma cuestión, han

hecho algo por atenuar los daños que la humanidad está causando al medio

ambiente.

No obstante la repercusión que hayan podido tener, lo cierto es que uno

siempre se embelesa con las habilidades que el personaje principal suele

desplegar en el relato.

En “El último cazador” podemos asistir a las exhibiciones ejecutadas por

Norman: desde el descenso por los rápidos de un río, hasta verle

calafatear la propia canoa con resina extraída de los árboles, pasando por

la construcción de una muy digna cabaña.

En este sentido también viene a la memoria el duro trabajo que realizara

Kurosawa en “Dersu Uzala” (1974), y más concretamente, la secuencia de

la preparación, durante la ventisca, del cobertizo salvador en pleno páramo

ruso.

Alberto Alcázar

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