• Por Antonio Méndez


Dirección: Michael Moore.
Intérpretes: Película documental.

Con guión de Michael Moore (“Sicko”, “Bowling For Columbine”).

Documental centrado en los cuatro años de gobierno de George W. Bush, desde su discutida elección como presidente de los Estados Unidos hasta el conflicto bélico suscitado en Irak, pasando por las relaciones entre la familia Bush y Osama Bin Laden, principal responsable del atentado terrorista del 11 de septiembre del año 2001 acontecido en la ciudad de Nueva York.

No hay nada más sano para una sociedad que establecer una postura independiente, crítica con todo tipo de poder, sea del signo político que sea, y todavía más si éste no promueve el respeto por los derechos humanos ni valora la opinión del pueblo que lo ha elegido, adoptando postulados beligerantes que en ningún caso van a conllevar un beneficio global para el conjunto de esa sociedad ni de ninguna sociedad, desplegando solamente odio, miedo, muerte, incertidumbre, destrucción. Los beneficios e intereses a otros niveles los obviaremos…

Uno de los ejemplos más conocidos de esta actitud es Michael Moore. Quizá no sea independiente reconociendo que la independencia resulta casi imposible abstraerla de una subjetividad individual legítima a nivel ideológico. Pero sí es crítico, y eso siempre hay que valorarlo de manera positiva.

michael-moore-fahrenheitMoore es un fustigador habitual de los tejemanes más rastreros de las poderosas corporaciones empresariales y de las políticas más conservadoras de los Estados Unidos, así que, en cuanto a su tonificación artística, que no humana, seguro que para idear sus proyectos está muy dichoso de que George W. Bush sea el inquilino de la Casa Blanca, pues así sus documentales de talante denunciatorio, como este título de reminiscencias bradburyanas (el mismísimo Ray Bradbury le exigió a Moore sin éxito que retirase la palabra Fahrenheit del nombre del film), tienen, sin duda alguna, un mayor caldo de cultivo, especialmente tras su equivocada y obcecada ofensiva militar en Irak, y su obsesión paranoica con políticas antiterroristas unilaterales y poco reflexivas que lo único que provocan es alimentar a ese execrable e inhumano terrorismo.

Un hecho característico en la filmografía del autor estadounidense es que aborda materias muy duras y básicas (el empleo, la violencia, la explotación laboral, la guerra, el sentido de la democracia y la libertad…) con un inteligente, acerbo humor, y un elevado sentido del entretenimiento y la narración fílmica, lo que acrecienta la fuerza de sus mensajes, conviviendo en estas soflamas un heterogéneo conglomerado de sentimientos que exhiben la discordancia entre el rostro humano de las situaciones-personajes que intervienen a lo largo del documental y los carices oficiales del asunto, a los que zahiere con afán de denuncia, provocación, ridiculización.

Se le puede acusar de manipulador emocional, de simplón tendencioso, de que el personaje en el punto de mira del documental es de fácil crítica por su ineptitud manifiesta, y de que su esencia panfletaria no es más que mera propaganda política, pero en objetivos de denuncia no cabe la objetividad sino la implicación, el entusiasmo y la honestidad del punto de vista del autor, que ayude a estimular el debate sin maniqueísmos y la controversia entre la audiencia.

Así que bienvenidos sean documentales con los derechos humanos, la búsqueda de la verdad y los valores democráticos como pivotes centrales de su naturaleza. Del signo político que sean.

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Michael Moore

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