• Por AlohaCriticón

FULL MONTY (1997)

Dirección: Peter Cattaneo.

Intérpretes: Robert Carlyle, Mark Addy, William Snape, Tom Wilkinson.

Seis trabajadores del acero de Sheffield deciden formar un conjunto de strip-tease masculino con la intención de mejorar su precaria situación economica tras el cierre de la fábrica en la que trabajaban.

Uno de ellos, Gaz (Robert Carlyle), puede perder el derecho de visita a su hijo si no logra pagar la pensión alimenticia.

A diferencia del grueso de directores, que tras el periodo conservador de Margaret Thatcher desarrollaron un cine crítico y social, (Loach, Sheridan, Frears) que venían desde la década de los sesenta con un importante bagaje del “free cinema”, Peter Cattaneo, es un joven, con formación universitaria, y que proviene de la televisión y la publicidad. No obstante su incorporación al cine social de sus colegas constituirá el mayor éxito del género con su primer trabajo “Full Monty”.

En forma de ácida comedia, Cattaneo expone el tremendo drama que constituye el desempleo para la clase trabajadora, una parte fundamental de la sociedad, que basa su subsistencia en las rentas de su trabajo, la cual esta siempre a merced del mercado, los empresarios o, como fue este caso, una política fuertemente restrictiva, que fundamentándose en la base capitalista de la productividad, provocó una de las crisis de empleo mayores en el Reino Unido.

Pero la película no entra en las causas de esta situación, el film se centra en la desesperación de unas personas desamparadas por un sistema que les había enseñado que con su trabajo tendrían una vida digna, y que ahora se ven olvidados en la oficina de empleo (o más bien de desempleo).

Una situación ubicada en la antes industriosa y ahora fantasmal Sheffield, pero que se puede extrapolar fielmente a cualquier punto de la Europa occidental, donde el nivel de vida alcanzado por la clase obrera, no permite competir con la explotación en los países emergentes.

El coste social, económicamente es fácilmente asimilable, con los bajos costos de una mano de obra esclavizada en el tercer mundo. Humanamente, la situación acabaría con la salud, la dignidad y hasta la vida de muchos y excelentes trabajadores.

El acertado tratamiento, con una ironía cáustica, que hace reír al espectador mientras se le forma un nudo en la garganta, hará de Full Monty la piedra angular y definitiva del subgénero de reproche al nefasto mandato Thatcher para la clase obrera.

Angel Lapresta

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Tom Wilkinson

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