• Por AlohaCriticón

GENTE DE ROMA (2003)

Dirección: Ettore Scola

Intérpretes: Película documental.

Callejeando por sus variados enclaves y rincones, Ettore Scola nos hace

partícipes de distintos episodios acaecidos a los habitantes de la llamada

ciudad eterna durante el transcurso de una jornada.

Comenta Scola que hace un tiempo era remiso a rodar una película

centrada en la capital italiana por las inevitables comparaciones que se

hubieran hecho con la “Roma” (1972) de Federico Fellini.

Por ese motivo, para desvirtuar esa excusa argüida en su momento por

Scola, pasemos de puntillas por las cercanías del filme del director

de “Amarcord” (1974).

Si bien se obvia ese paralelismo, no se pueden pasar por alto dos

antecedentes similares a “Gente de Roma”, una producción, por cierto, del

año 2003.

En primer lugar hay que aludir a “Monstruos de hoy” (1963), cuando el

cineasta italiano era sencillamente guionista y participó como tal en su

elaboración; y más tarde, una secuela de aquélla, “¡Qué viva Italia!” (1978),

que firmaran al alimón el propio Scola junto con Dino Risi y Mario Monicelli.

“Gente de Roma” sigue pues la estela de esos dos éxitos tratando, como

indica Scola, el dar una visión de la ciudad “desde un punto de vista

antropológico”, diferenciándose de aquéllas en el contexto del momento.

Partiendo de ese planteamiento, Scola se permite realizar una semblanza

del pueblo romano y sus habitantes con ribetes humorísticos pero que

bordean un cromatismo grisáceo tirando a negro y que impregnan la

pantalla de una dulce melancolía, cualidad ésta que igualmente transmite la

bella urbe.

“Gente de Roma” está dedicada a la memoria del gran Alberto Sordi, con el

que Scola hubiera contado para su rodaje si no se hubiera cruzado la

parca en el camino del incomparable actor transalpino.

Sí que aparecen, no obstante, Stefania Sandrelli interpretándose a sí

misma y Nanni Moretti mostrándonos su faceta de orador político.

Al igual que ocurría en las obras citadas anteriormente, en donde se

podían encontrar pequeñas obras maestras en algunos de sus pasajes,

en “Gente de Roma” hallamos también alguna joya, como esa comida entre

un hijo ya maduro que plantea al padre el ingreso de éste en una

residencia geriátrica al haber entrado en una evidente demencia senil.

Alberto Alcázar

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