• Por AlohaCriticón

guardianes de la noche cartel critica night watch
Dirección: Timur Bekmambetov.
Intérpretes: Konstantin Khabensky, Vladimir Menshov, Valeri Zolotukhin, Mariya Poroshina.

Película basada en una novela de Sergey Lukyanenko. Con guión de Timur Bekmambetov (“Guardianes del Día”) y Laeta Kalogridis.

En Moscú combaten las fuerzas del bien y del mal, personificadas en los Guardianes de la Noche, vigilantes sobrehumanos que defienden la Tregua contra la amenaza de las Fuerzas Malignas, compuestas por vampiros, brujas y hechiceros. Todos ellos viven amenazados por una terrible profecía que habla de un todopoderoso elegido que se verá atrapado por el lado oscuro.

“Guardianes de la noche”, película basada en una novela de Sergey Lukyanenko (quien ejerce también de guionista), es un título de ciencia-ficción ruso que atrapa con bastante eficacia la clásica atmósfera sombría, amenazadora y noctívaga (influenciada tanto por los trabajos de Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet, como por el “Matrix” de los Wachowski), que tanto define la tintura de la trama de conflictos básicos entre el bien y el mal, como la naturaleza de sus heterogéneas criaturas, ubicadas en un enredado reciclaje épico-fantástico que nos remite a otros filmes de escenarios parecidos en torno a la disyuntiva entre la luz y oscuridad.

guardianes-de-la-noche-fotosEl trabajo de producción, su diseño artístico y los efectos especiales de un film planeado como primera parte de una trilogía, resulta bastante válido en su búsqueda ambiental y opulencia visual, sin tener nada que envidiar a los productos facturados en Hollywood.

A la par las interpretaciones cumplen adecuadamente, el texto y personajes no sucumben del todo a la estulticia, y la trama, sin roturación emocional y bastante desequilibrada en la creación de una propia pero derivativa mitología en base a la magia, leyenda y simbolismo metafísico, es confusa, posee intensidad, pero le sobra el remedo de algunas pautas narrativas digresivas y aceleradas del cine palomitero de acción y ciencia-ficción, prisionero casi siempre de sus efectismos y del manejo gratuito de la cámara, que termina por distraer más que por implicar.