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HOY Y MAÑANA (2003)
Dirección: Alejandro Chomski.
Intérpretes: Antonella Costa, Manuel Navarro, Romina Ricci, Carlos Lipsic.
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Paula (Antonella Costa), actriz aficionada, vive de alquiler en un pequeño
apartamento en unas condiciones tan precarias que, al corte del suministro
de gas, se une el retraso en el pago de las rentas de la vivienda. Los
números rojos en su cuenta bancaria y la falta de ayudas por parte de las
personas más cercanas, hacen que Paula se decida por conseguir dinero
fácil.
Tras presenciar “Hoy y mañana” se le podría criticar al cine argentino el
exceso de películas que han reflejado la crisis financiera que ha padecido
el país en los últimos tiempos.
Pero sería injusto el tomarla con este trabajo de Alejandro Chomski, ya que
el mismo fue producido en 2003, y no es hasta dos años más tarde cuando
ha llegado a nuestra cartelera (quizá problemas de distribución que han
hecho, incluso, que se proyecte en una única sala de Madrid).
Entre ambas fechas han circulado no pocos títulos con la debacle
socioeconómica como trasfondo, causando cierta saturación que haría
que, en lugar de hablar de los argentinos como damnificados, los
catalogáramos como individuos jeremíacos.
Y, sin embargo, es algo que suele ser normal en la cinematografía de corte
social. Sin ir más lejos, aquí en España vivimos algo parecido al final del
último conflicto civil, cuando la carestía económica también repercutió en
los filmes que se rodaron por entonces, ya fuera en clave
irónica, “Bienvenido, Míster Marshall” (1952) de Luis García Berlanga, o
dramática, “Surcos” (1950) de José Antonio Nieves Conde.
Chomski, ayudante de dirección de Emir Kusturica, Luis Puenzo o Jim
Jarmusch, parece haberse contagiado de la precaria situación social y
dirige, con poco presupuesto y, en consecuencia, escasos medios, “Hoy y
mañana”.
Realizada a manera de documental, con muchas de sus secuencias
rodadas cámara en mano, “Hoy y mañana” es un relato cuya cronología
abarca las cuarenta y ocho horas de una joven que ha decidido
independizarse y a la que los problemas de solvencia que le abruman, le
hacen descender a los infiernos a costa de su dignidad, eso sí, con muy
buena rentabilidad.
Alberto Alcázar