• Por AlohaCriticón

LA MALDICION DEL HOMBRE LOBO (1961)

Director: Terence Fisher

Intérpretes: Oliver Reed, Clifford Evans, Yvonne Romain, Catherine Feller.

En una pequeña villa de España se produce la fiesta de boda de un cruel Marqués (Anthony Dawson) y su bella esposa (Josephine Llewellyn). Al banquete llega un mendigo hambriento que acabará encerrado durante largos años en una mazmorra, al cuidado de un carcelero y su hija sordomuda (Yvonne Romain). Esta última, al no acceder a las propuestas sexuales del envejecido marqués, será confinada también en la mazmorra, en donde sufrirá la violación del añoso mendigo.

Una buena película de los estudios Hammer sobre la leyenda del hombre lobo, que adapta una novela de Guy Endore. La génesis y posterior niñez del licántropo están desarrollados de forma admirable, con una definición de ambientes y personajes realmente atractiva y sugerente. La fotografía llena de colorido de Arthur Grant y el detalle en la realización de Terence Fisher logran captar un escenario histórico marcado por la superstición, la religión y la diferencia de clases.

Cuando el protagonista principal crece y establece desde posturas románticas una lucha interna con su naturaleza dual, el film se muestra más formulario dentro de los cánones vistos en los títulos que acometen esta figura, pero siempre narrado con buen pulso por el maestro Fisher y muy bien interpretado por Oliver Reed.Para los fans de las chicas Hammer, en “La maldición del hombre lobo” destaca la exuberante Yvonne Romain, la hija del carcelero que se convertirá en la madre del hombre lobo. Yvonne puede ser vista en otros títulos como “La frontera del terror”, “Policía internacional”, “La ciudad bajo el terror”, “Pasillos de sangre”, “Rebelión en la India”, “Chica sin barreras” o “El fin de Sheila”.

A una pequeña aldea de la España del S.XVIII llega un mendigo en busca de limosna yendo a parar al castillo del cruel Marqués Siniestro, donde este celebra su boda con una hermosa joven. Allí el mendigo sufrirá la burla del marqués y sus invitados, y acabará encerrado en una mazmorra donde será alimentado por una sirvienta muda, quien años más tarde, al negarse a satisfacer los apetitos sexuales del marqués será arrojada al calabozo donde el mendigo acabará violándola…

Terence Fisher, uno de los grandes maestros del género de terror, aborda aquí el mito del hombre lobo configurando una de sus mejores películas. El film consta de dos partes claramente diferenciadas, en la primera se nos narra el origen de la maldición y los primeros años del niño-lobo de forma magistral. La atmósfera creada (brillante y colorida fotografía de Arthur Grant) y la presentación de unos personajes tremendamente atractivos entronca directamente con la literatura gótica de finales del S.XVIII y primer tercio del S.XIX.

En la segunda parte, que sin llegar a las cotas de perfección narrativa de la primera sigue resultando magnífica, nos encontramos ya ante el hombre-lobo ( estupenda y dolida interpretación de Oliver Reed) que se enamora de una joven ignorando, en principio, su maldición.

No se trata de una película de terror al uso, sino más bien de una tragedia inevitable, una seria reflexión sobre los efectos de la licantropía que en sus últimos minutos (la muerte del hombre lobo en el campanario a manos de su padrastro) puede llegar incluso a conmover.

Fisher apoyado en el magnífico guión de Anthony Hinds ( que se basa en la novela de Guy Endore El hombre lobo de París) incide en la desigualdad social como génesis de la maldición, de ella se derivan la humillación, violación y asesinato posteriores dando lugar al nacimiento de un ser atormentado y no deseado, en el que el alma humana estará en constante lucha con el espíritu del lobo, una lucha que sólo puede desaparecer con el amor, lástima que este raras veces resulte victorioso.

Ricardo Pérez

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