• Por AlohaCriticón

LA MARCA DEL LOBO (2007)

Dirección: Katja von Garnier.

Intérpretes: Agnes Bruckner, Hugh Dancy, Olivier Martínez, Katja Riemann.

En Bucarest reside Vivian (Agnes Bruckner), una joven que trabaja con su tía Astrid (Katja Riemann) en una chocolatería mientras intenta sortear su secreto familiar: la licantropía.La capital rumana se ha convertido en una especie de refugio de los hombres y mujeres lobo del mundo, liderados por Gabriel (Olivier Martínez), quien baraja la posibilidad de entablar relaciones sexuales con Vivian, quien se ha enamorado de un dibujante humano llamado Aiden (Hugh Dancy).

Adaptación de una novela sobre licantropía adolescente escrita por Annette Curtis Klause.

Restringida en su enfoque por no azorar con complejidades a un público todavía en proceso de maduración, la película se muestra insustancial y no aporta nada nuevo que no se haya visto en otros títulos de concepto y atmósfera similar, desde “Underworld” a “Jóvenes ocultos” pasando por “Ginger Snaps”.

Sin embargo, compacta su ambiente nocturnal de tono tristón y sombrío, y no fastidia en demasía a pesar de su indiferente trama, diálogos y personajes, casi todos antipáticos al margen de la muchacha sufriente entre tantos sectarios propicios al odio sin fundamento.

El film, con sonidos de una versión de Joy Division y ambiente en Rumanía (país en donde tanto hay cabida para vampiros como para hombres lobos), muestra a una joven atrapada por su naturaleza de la que desea escapar, correr, correr y correr, alejándose de una gente victimista liderada por un gurú con cuerpo y cara de Olivier Martínez, quien arenga en los bosques al personal licántropo al odio inveterado hacia los humanos (al mismo tiempo que lanza algún mensaje ecologista de chicha y nabo), lo que provoca entre la gente de mayor capacidad neuronal un ansia de escapismo de tal discurso fundamentalista (que no da lugar a discrepancias) y al proceder (todo ello tratado de forma pueril) de un conflicto entre sus dos esencias naturales: el hombre y el lobo. Más aún cuando ese personaje discordante conecta con alguien exterior a tal grupo que aporta nuevas perspectivas a unas anquilosadas leyes y rituales de persecución y muerte.

Al margen de animadversiones y paranoias ajenas, estos licántropos son accionados por motivaciones tan poco edificantes como los celos, el resentimiento y la venganza, se convierten en asesinos por el “terrible” hecho de ser despreciados en un baile discotequero, y montan cirios en iglesias góticas medievales sin que nadie aparezca ante semejante alboroto, dentro del cual incluso, en una tensa escena muy lograda, el lobo de turno (un niñato bastante pelma) acosa a su víctima en un confesionario.

Mezcla entre terror y romanticismo adolescente, turismo con planos aéreos de Bucarest, y huida libertaria. Todo tan inane como inofensivo.

Enlaces

Agnes Bruckner

Hugh Dancy

Olivier Martinez

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