• Por AlohaCriticón

la mejor juventud cartel critica la meglio gioventuLA MEJOR JUVENTUD (2003)

Director: Marco Tullio Giordana.

Intérpretes: Luigi Lo Cascio, Alessio Boni, Sonia Bergamasco, Adriana Asti.

Roma, año 1966, la vida de una familia de clase media italiana, transcurre

pasando por situaciones y relaciones afectivas que inciden en la

personalidad de cada uno de sus miembros: el padre, comerciante y

preocupado por la comunicación con uno de sus hijos, la madre, profesora

de escuela y excesivamente protectora con ese hijo y los hermanos.A

partir de ellos se desarrollará la película, con el trasfondo de los

acontecimientos sociales y políticos de la época, que llega hasta el año

2003.

El díptico La mejor juventud, puede considerarse como la película

revelación del año 2004. Estrenada sin grandes alharacas, y como único

producto publicitario, el boca a oído, esta monumental obra de arte italiana

debe recomendarse a toda aquella persona con un mínimo de sensibilidad,

es decir, a todo el mundo. Un par de argumentos de peso si el aconsejado

se echa atrás al mirar la duración de la película (concebida como serie por

la Radio Televisión Italiana): primero, el ritmo de la película no decae ningún

momento, es decir, la posibilidad de bostezar se atenúa de forma

considerable (la culpa la tiene el guión y la formidable capacidad

interpretativa del elenco de actores que deja su impronta en la pantalla, la

mayor parte de ellos desconocidos para el público español); y segundo,

más de un conocido me ha comentado que la atracción de la primera parte

es tal, que en la misma tarde acudió a presenciar la segunda (que es

todavía de mayor calado).

La riqueza de la película reside en la variedad de personajes que se

enfrentan a situaciones de toda índole, generadas, en la mayoría de los

casos, por los acontecimientos sociales y políticos ocurridos en Italia

desde el año 1966 hasta el año 2003. Si a todo ello unimos la magnífica

fotografía con la que solazarnos contemplando los paisajes de Sicilia, La

Toscana y Noruega, la poderosa y bien colocada música, la acústica

cantarina de la lengua italiana (se proyecta en versión original) y la

extraordinaria coda final que cierra el círculo narrativo, no es ninguna

exageración proclamar que nos encontramos ante un nuevo clásico de la

cinematografía italiana enclavado en el género social, ámbito en el que

Italia ha tenido ilustres maestros como Rossellini o De Sica.

Alberto Alcázar

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