• Por AlohaCriticón

LA MEMORIA DE LOS MUERTOS (2004)

Director: Omar Naim.

Intérpretes: Robin Williams, Mira Sorvino, James Caviezel, Mimi Kuzyk.

Alan Hakman (Robin Williams) trabaja en la compañía Zoë Technologies, una empresa dedicada a la fabricación de un chip que se implanta en el cerebro para grabar la vida de una persona con el fin de que, una vez fallecida, sus familiares puedan recordarla gracias a las imágenes y sonidos conservados en el chip.

Alan, tras haber visualizado tantas vidas, ha terminado convertido en un hombre sin sentimientos. Todo cambia cuando un día descubre una imagen que le resulta familiar y comienza a indagar el origen de la misma.

Este joven director, que por cierto debuta, pretende hacernos creer

que en un futuro “próximo” (que no es tal, puesto que en el desarrollo

encontramos que por lo menos transcurre en el año 2054), las personas

tendrán implantadas un chip que servirá de cámara de vídeo a nuestras

propias vivencias.

Eso contribuye a que cuando alguien fallece, los familiares y amigos

puedan recurrir a los montadores (los encargados de tratar la

visualización del chip) para que seleccionen y “filtren” esas

vivencias, de forma que los buenos momentos se borren en detrimento de

acontecimientos peores que en realidad eran los que formaban parte de

esa persona.

Partiendo de esta premisa, la dirección de la película y el propio

desarrollo del guión es pura jactancia en torno a esta genial idea.

Robin Williams es uno de esos montadores, Alan Hakman, quizás el

mejor. El actor de 51 años (que en el rodaje tenía la misma edad que

su personaje) realiza por tercera vez una interpretación alejada de su

histriónica forma de encarnar a santitos, y demuestra su capacidad

para ser formidable también en personajes oscuros y llenos de neurosis

(recordemos Insomnio, de Christopher Nolan, y Retratos de una

obsesión, de Sy Parrish). Quizás esto salva a la película de un

resultado aún peor, porque Mira Sorvino sólo cumple y la actuación del

católico James Caviezel no termina de convencer.

Alan Hakman está atormentado por la culpa por un recuerdo de su niñez,

en el que un amigo murió y no hizo nada. Al examinar el chip de un

importante político recientemente fallecido, tiene la esperanza de que

ese amigo no murió, y por primera vez antepone su vida a la de los

demás, a quienes conoce después de que hayan muerto.

No se confundan, la historia podría ser muy buena. De hecho, la

fotografía y la música son excepcionales. Omar Naïm no parece ser un

debutante, pero falla el guión. Siempre el guión. Y es que a la

historia se le nota que está plagada de simbolismo y denuncia social.

Pero está todo tan camuflado, tan recóndito en el subconsciente del

autor que el espectador termina pidiendo la hora. Podría ser un logro,

por ejemplo, que el hecho de que el futuro de la película sea igual a

nuestro presente (excepto por la tecnología de los montadores, claro)

fuera un logro del director, para suscitar realismo y sus temores

respecto a la sociedad, pero ni siquiera ese tipo de ideas se dejan

ver con nitidez.

Noventa minutos parecen no ser suficientes, o quizás sí, pero el ritmo

decae y vuelve como olas en alta mar. Todo gira en torno a una sola

idea y uno se pregunta qué hay detrás de ese mundo ficticio que

legalizó los mencionados implantes.

Luis Fernando Romero Calero

Filme que nos narra la forma en que la intimidad es profanada como si fuese una caja que se abre y cierra a merced de un desconocido, el instante en que dicho desconocido matiza a la propia intimidad y la hace parecer sutil y cautivadora ante la sociedad.

“La memoria de los muertos” es un título en el cual se nos muestra una atrayente idea de cómo sería un futuro en el cual a cada persona con los suficientes recursos económicos se le implantara un chip que guarde y almacene todos y cada uno de sus momento vividos, los minutos de angustia y los segundos de felicidad, las escenas deshonrosas, hasta el último detalle comprometedor.

El filme prometedor y controvertido es aquel que se nos presenta en la pantalla, cuando una persona como tal puede manipular la vida de otra persona, con el afán de mostrarla ante la familia de modo mesurado, cautivador y satisfactorio, todo con el propósito de hacer una remembranza.

Las virtudes de la película son claras, la idea es fresca y muy novedosa, más sin embargo el desarrollo no es del todo satisfactorio; en el transcurso de esta producción podemos ver varios socavones que se dan en la cohesión de algunas escenas, desequilibrando al producto de manera notoria, si bien el tema por lo novedoso que es, también es difícil acaparar las ideas expresadas en él, esto ya sea por su director que es neófito en el medio, sin conocer aquellos matices y especificaciones que hacen que un producto de esta índole triunfe sobre aquellos filmes superfluos del momento; sin embargo en su mayoría este producto se manipula de forma audaz, logrando subsanar su malos momentos, esto sea por la actuación de Robin Williams que como ya es costumbre da una excelente interpretación que culmina en la tragedia, logrando que cada palmo se mantenga el histrionismo mesurado, si llegar al drama o a la exageración.

Aunque desperdiciando muchas de las virtudes que contrae el producto, ya sea que la trama se resume al personaje principal sin lograr mucha profundidad con el resto del elenco, o sean las subtramas desaprovechadas y los traumas sumergidos sin poder ver más que una pizca del traumatismo de ciertos personajes, el guión que como tal pudo haber dado más de sí, siendo la vida y la muerte un tema que pareciese nunca agota su contenido, o bien la algarabía social por inspeccionar en la mente de los demás, el retorseso de la familia y la negación al tiempo, sea que la ciencia nos lleve a un estrado tecnológico más avanzado, pero retrograda en lo racional, si es que acaso estamos preparados para un avance de tal magnitud en nuestras vidas.

Colocándose el filme en un entretenimiento loable y lleno de reflexión, siendo la reflexión la que carezca de fuerza y no golpee al público como sea necesario y pueda llevarlo al sopor, logrando que el espectador deba poner de su parte para que las escenas parezcan más fluidas. De cierto punto esto es interesante, ver como una película exige al espectador atención y a cambio de esta vigilancia pueda obtener temas que creen discordia en su pensar. Dando audiencia a una discusión a la introspectiva de dicha persona, siendo esta película la que abra un apartado de discusión entre varias personas después de visionar el título expuesto.

Si bien la película pudo haber dado más de si misma, más sin embargo sea el conjunto de su guión y sus pequeñas privaciones o la falta de experiencia del director Omar Naim lo que le quite cierto esplendor al filme, aunque lo que no se niega es que ha sido un buen debut y esperamos que las próximas producciones de esta persona sean superiores, sirviéndole los errores cometidos en este producto.

Mientras tanto tengamos la seguridad que nuestra intimidad sólo nos concierne a nosotros mismos.

Lucio Rogelio Avila Moreno

Enlaces

Robin Williams

James Caviezel

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