• Por AlohaCriticón

largo domingo de noviazgo cartel pelicula criticaLARGO DOMINGO DE NOVIAZGO

Director: Jean-Pierre Jeunet.

Intérpretes : Audrey Tautou, Gaspard Ulliel, Jodie Foster, Marion Cotillard.

Película basada en una novela de Sébastian Japrisot. Con guión de Jean-Pierre Jeunet (“Delicatessen”, “Amelie”) y Guillaume Laurant (“Amelie”, “La Ciudad De Los Niños Perdidos”).

Primera Guerra Mundial. Cuando el conflicto se acerca a su fin Mathilde (Audrey Tautou) recibe la noticia de que su prometido Manech (Gaspard Ulliel) es uno de los cinco soldados heridos que han sido enviados a tierra de nadie, entre los ejércitos francés y alemán, tras ser sometido a un consejo de guerra. Mathilde, con la intención de descubrir el destino de su prometido, se embarca en una investigación que le sumergerá en los horrores de la guerra.

Jean-Pierre Jeunet volvió a colaborar con Audrey Tautou después del exitoso cuento de hadas “Amelie” en “Largo Domingo De Noviazgo”, una historia de mayor desabrimiento que mezcla épica e intimismo, lirismo y realismo, en el despliegue de una agridulce epopeya romántica con elementos de misterio, investigación policial y humor.

El film se expone con el manierista sentido artístico que significa el ostentoso estilo visual de su autor, algo esperado tras conocerse la trayectoria previa del autor francés con o sin Marc Caro, el adalid estético de sus primeros trabajos.

Adaptando una novela de Sébastien Japrisot, la película desarrolla con flashbacks y varianzas en perspectivas a lo “Rashomon” una intrincada historia de pérdida, memoria y esperanza, con el motor de la tenacidad amorosa sobre bases antibélicas que toman referencias en dos obras maestras como son “Senderos De Gloria” (1957) de Stanley Kubrick o “Sin Novedad En El Frente” (1930) de Lewis Milestone.

Su aspecto romántico y la firmeza femenina en recuperar a su amor en tiempos de guerra también puede recordar a la medianía “Cold Mountain” (2003) de Anthony Minguella e incluso a la fantástica “Niebla en el pasado” (1942) de Mervyn LeRoy.

El festín sensorial y narrativo con cierta tendencia al artificio en pos de la extremación atmosférica, elegante y no demasiado estridente, tanto depende de Jeunet, como fiscalizador máximo de la obra, como del estupendo operador Bruno Delbonnel, confiriendo a este film un nostálgico tono sepia. Delbonnell tiene además un tacto especial para otorgar a sus imágenes un ramalazo de cuento-cómic ya concedido previamente en “Amelie”.

Jeunet demuestra en este film que, junto a su opulencia ornamental, sabe manejar emociones, acentuadas de manera plausible por la partitura de Angelo Badalamenti y por la magnética presencia de Audrey Tautou. Destacan también en la faceta interpretativa Marion Cotillard, Albert Dupontel, Jodie Foster y Dominique Pinon, magnífico actor, singular por su físico y habitual de los títulos dirigidos por Jean-Pierre Jeunet, que siempre deparan un placer visual a pesar de cierta ligereza en la construcción de personajes, en general suelen ser unidimensionales a pesar del encanto que pueda aportar su presencia, y el enmarañamiento y multiplicidad de varias de sus tramas, subtramas y caracteres, derivado de la autocomplacencia en el estilo y de su exagerada imaginación, que a veces no concuerda demasiado bien con el pulso, la idea y el tono de la historia a desarrollar que quizá se movería mejor por cauces más sencillos en cuanto a guión y narrativa.

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Jean-Pierre Jeunet

Audrey Tautou

Jodie Foster

Marion Cotillard

Manech se ha ido a la guerra, a la Primera Guerra Mundial, dejando atrás a Francia y a su coja novia Mathilde (Audrey Tautou). El tiempo pasa y él no da llegado, y ella no recibe noticias de él; locamente enamorada decide emprender su búsqueda fiándose de su instinto supersticioso y contratando a un peculiar detective; asi irá tejiendo una gran tela de araña en la que se enredarán cuatro soldados que acompañaron a su novio en los ultimos momentos en los que fue visto con vida.

Desde los ojos de esa mágnifica Tautou se va relatando una historia de esperanza en la que se da cabida todas las emociones que se pueden sentir: amor, ilusión, humor… y todo acompañado con unos decorados esplendoros y una fotografía que es increiblemente magnífica.

A patir de la historia concreta de Mathilde y Manech se puede ir viendo en lineas paralelas los efectos de la devastadora guerra y de la vida en esa época (señalando esa escena perversamente espantosa en donde guillotinan a una mujer que solo buscaba venganza).

Una película sobresaliente donde Jean-Pierre Jeunet repite parte del reparto de su triunfal Amelie y relata una nueva historia también repleta de originalidad y con su típico etilo visual que te absorbe.

En definitiva, una cinta muy recomendable.

Lo mejor: Audrey Tautou, la fotografía y el pequeño papel, pero interesantísimo, de Jodie Foster.

Lo peor: que el título de a entender que es una pastelada infumable. Y tal vez un abrazo o un beso no vendría de más en el final. Miguel Calvo Marqúes

Después de su gran éxito, “Amélie”, Jean Pierre Jeunet vuelve a la carga

con su peculiar estilo, esta vez tomando como argumento un romance

interrumpido por un conflicto bélico, en concreto, la Primera Guerra

Mundial.

Utilizando una voz en off, que le sirve para abrir y cerrar la película, e

incluyendo unas secuencias que parecen rodadas en las mismas

trincheras utilizadas por Kubrick en “Senderos de gloria”, Jeunet nos

introduce, a bocajarro (por emplear una expresión ad hoc) en la película,

con el nudo gordiano que la pobre Matilde va a tener que desatar,

fabricándose, para ello, profecías muy singulares que le ayuden a

mantener la esperanza.

A partir de ahí, Jeunet se dedicará a desplegar su artillería pesada

(expresión, igualmente acorde con el tono belicoso de la película), en la

que sigue confiando tras el reconocimiento del público de “Amélie”, pero

que al espectador le puede llegar a aturdir y confundir: picados,

contrapicados, multiplicación de insertos, uso en demasía de las tomas

desde el helicóptero, sobreimpresión de secuencias dentro de otra

secuencia, en fin, un auténtico carrusel de imágenes, en tonalidad sepia la

mayoría de las veces, que si bien hace que el espectador preste atención

a lo que ocurre en la pantalla, por el contrario, si uno no está lo

suficientemente espabilado, provoca el efecto de perder el norte de la

película y acabar completamente desorientado. Como muestra un botón: la

imposibilidad de identificar, de forma clara, a algunos de los personajes

que intervienen en el relato.

Convendría destacar, no obstante, la historia dentro de la propia historia,

del triángulo amoroso entre Jodie Foster, Jean Pierre Darrousin y Jerome

Kircher. ¡Qué buena película se podría desarrollar a partir de ese pequeño

guión!

Alberto Alcázar

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