• Por Antonio Méndez

las cronicas de narnia el principe caspian cartel poster pelicula

Dirección: Andrew Adamson.
Intérpretes: Ben Barnes, William Moseley, Anna Popplewell, Georgie Henley.

Secuela de “Las Crónicas De Narnia: El León, La Bruja y El Armario”. Ambas películas basadas en novelas de C. S. Lewis. Con guión de Andrew Adamson (“Las Crónicas De Narnia: El León, La Bruja y El Armario”, “Shrek 2”), Christopher Markus (“Llámame Peter”, “Las Crónicas De Narnia: El León, La Bruja y El Armario”) y Stephen Mc Feely (“Llámame Peter”, “Las Crónicas De Narnia: El León, La Bruja y El Armario”).

La Edad de Oro ha terminado y Narnia se encuentra regida por el malvado Miraz (Sergio Castellitto). Los hermanos Pevensie (William Moseley, Georgie Henley, Skansar Keynes, y Anna Popplewell) intentarán ayudar al joven príncipe Caspian (Ben Barnes) a recuperar su trono usurpado.

El escritor británico C. S. Lewis creó en los años 50 una serie de libros de fantasía juvenil que concentraban sus inquietudes y conocimientos en distintas materias: el mundo medieval, la literatura inglesa del siglo XVI (principalmente William Shakespeare), las mitologías y el cristianismo (es conocida –para la gente que se haya acercado a la biografía de Lewis- su conversión del ateísmo en su juventud a la apología cristiana en su madurez).

Después de la primera entrega, “El León, La Bruja y El Armario”, Andrew Adamson (conocido por sus películas de “Shrek”) repite para la Disney con “El Príncipe Caspian”, un film que cuenta la clásica historia de usurpación y restauración de poder con contienda familiar.

La épica, iniciada en tonos oscuros, es la tradicional sobre conflictos de justicia y trono en tiempos del medievo (o algo parecido adornado como tierra fantástica y mundo paralelo), con una misión heroica y un enfrentamiento entre bandos, singularizado uno de ellos por la unión abigarrada-imposible de seres muy distintos en el ejército de los grandes reyes adolescentes: desde ratones a centauros pasando por osos o enanos. La verdad es que cabía de todo en la imaginación de Lewis.

Aunque el título centra la atención nominal en el Príncipe Caspian encarnado por Ben Barnes, el héroe principal es William Moseley como Peter Pevensie.

Él, desde su posición jerárquica, es encargado de tomar las principales decisiones del grupo, y el duelista en una de las escenas más importantes del film, en la que se emplea el ralentí para exaltar la titánica pugna entre líderes.

el-principe-caspian-foto-criticaEn los momentos de acción, con algún que otro espectacular golpe de efecto especial “acuoso”, es muy apreciable la esencia clásica de la perspectiva y la evasión del montaje “emeteuvero”, con desconcertantes primerísimos planos, desenfoques y montajes frenéticos.

Al margen de tales acciones y el sentido visual de primer orden con exultantes escenarios naturales, la película es un producto superficial propio (y válido) para su audiencia juvenil.

No posee hondura emocional (los que transmiten mayores sensaciones son los CGI), y ofrece una rutina de aventura adolescente con personajes asépticos (de planicie escapista), redundantes secuencias de combate (demasiado extendidas), trazos de humor (generalmente derivados del encuentro entre criaturas dispares), un tramo onírico (en plan profético), romance forzado (no podía faltar), y la aparición mesiánica (previsible con tanto aviso previo) con zanjamiento abrupto y reparto de destinos (y todos contentos).

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Anna Popplewell
Ben Barnes
Tilda Swinton


Andrew Adamson repite su labor como director y guionista en esta segunda entrega de “Las Crónicas de Narnia”, adaptación de la conocida saga de libros escrita por C.S. Lewis.

El director aprende de sus errores pasados e intenta realizar un equilibrio entre el verbo y la imagen al profundizar en el mensaje innato-religioso con el cual Lewis impregnó sus obras.

La película es fiel en cuanto al sentimiento principal de la novela pero traiciona a sus personajes en gran manera, toma sus nombres y les cambia su personalidad; para bien o para mal, los guionistas sustraen en gran manera los eventos más importantes del libro para traducirlos al idioma cinematográfico, recortan, pegan y adhieren nuevos acontecimiento, le dan “sabor” al relato e intentan explayarme más allá de lo establecido por Lewis.

No obstante deforman al quinteto principal, desde los cuatro hermanos y el principillo Caspian, hasta el villano que se ve trastornado al atribuírsele una figura caricaturesca poco temible. Se agregan y suprimen personajes pero se agradece que no omitieran a Tilda Swinton como la bruja blanca en su brevísimo cameo.

Se puede lanzar al aire la suposición de quien halla leído el libro pueda sentirse un poco ofendido, mientras el resto podrá disfrutar de un concepto, modificado más no errado, de los personajes en cuestión, tal vez un poco más carismáticos en comparación a la entrega anterior, pero finalmente difieren de la novela.

La película se inclina por una madurez narrativa pretendida pero no lograda en las crónicas anteriores, ahora Narnia es un lugar desolado poseído por los Telmarinos donde los narnianos han sido desterrados al bosque, perteneciendo a las viejas historias, los mitos y leyendas. Disney le dice a su público infantil (de modo muy sutil y en proporciones light) que el mundo no es color de rosa y existen diversos matices grisáceos que terminan por definir nuestra existencia, sin embargo sería aventurado afirmar que el público infantil/pubescente llegue a captar el mensaje en cuestión y sobretodo que acepten la raíz religiosa de la película.

Por otro lado tenemos los efectos especiales tan espectaculares como demandados en éste tipo de producciones, en esta ocasión no irradian exageración, me atrevo a decir que son mesurados pero adecuados, con un portentoso aire al “El Señor de los Anillos”. Al salir de la sala de cine me vino a la mente una escena peculiar: J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis tomando la trillada taza de té y discutiendo acerca de su obra, hablando de enanos y árboles en movimiento.

Finalmente en el cine algunos aspectos se repiten tanto en “El Señor de los Anillos” como en “Las Crónicas de Narnia”, pero no porque sea un plagio de película a película, sino que es un tipo de pensamiento entre escritores que compartían ideas similares al momento de crear sus propios universos, aspecto que invariablemente (a pesar del director, los guionistas, la fotografía y todo el equipo de producción) se ve reflejado en cada película.

Así “Las Crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian” es un aceptable entretenimiento familiar de larga duración que va dirigido a un público en específico.

Lucio Rogelio Avila Moreno

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