• Por AlohaCriticón

LOS RENEGADOS DEL DIABLO (2005)

Dirección: Rob Zombie.

Intérpretes: Sig Haig, Bill Moseley, Sheri Moon, William Forsythe.

El sheriff Wydell (William Forsythe) y sus hombres rodean la casa de la familia de psicópatas homicidas Firefly. Otis (Hill Moseley) y Baby (Sheri Moon Zombie) consiguen escapar, refugiándose en un motel de carretera mientras esperan a su padre, el capitán Spaulding (Sid Haig), pero Wydell no cejará en su empeño de capturar a los fugitivos dementes.

El rockero Rob Zombie, después de rodar la simpática pero insustancial “La casa de los mil cadáveres”, cuyo mayor logro era recuperar el enfoque truculento del cine de terror de los años setenta, nos presenta su secuela, “Los renegados del diablo”, un título bastante diferente e infinitamente superior.

El film vuelve a mostrarnos las torturas y asesinatos cometidos por la perturbada familia Firefly (el típico clan de paletos sureños, que en el fondo no dejan de ser el reflejo tenebroso de la familia norteamericana institucionalizada), pero en esta ocasión el guión está mucho más trabajado, adoptando las formas de una delirante road-movie con matices de western, en la que, hacia el tramo final, incluso se producirá una subversión de roles, convirtiéndose los asesinos en presas.

El sadismo de algunas escenas, como todas las que ocurren en la habitación del motel, deja claro que Zombie pretende crear un ambiente de lo más enfermizo para incomodar al espectador. El extravagante sentido del humor (al crítico de cine o al friky con la camiseta de Cheap Trick me remito) no hace sino potenciar todavía más esa sensación de irreverencia que destila toda la cinta.

Zombie sigue homenajeando al cine de terror más tremebundo y en el metraje de “Los renegados del diablo” se puede identificar claramente la influencia del Tobe Hooper de “La matanza de Texas” y su paródica secuela, o del Wes Craven de “La última casa a la izquierda” y “Las colinas tienen ojos”, entre otros. En ese sentido, la presencia de gente como Michael Berryman ya es toda una declaración de intenciones.

También es muy destacable la esplendida fotografía, el uso de la música folk y rock en perfecta conjunción con las imágenes, o la incitante presencia de Sheri Moon, la esposa del propio director.

Todo ello conforma una gran película, que si bien es cierto que no deja de ser derivativa, se sitúa entre lo mejorcito que nos ha dejado el género últimamente. Bien por Rob Zombie.

Dr. Zarkov

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