• Por AlohaCriticón

NAVIDADES EN JULIO (1940)

Dirección: Preston Sturges.

Intérpretes: Dick Powell, Ellen Drew, Raymond Walburn, Alexander Carr.

Jimmy McDonald (Dick Powell), quiere prosperar económicamente para poder casarse con su novia Betty Casey (Ellen Drew). A Jimmy –empleado de la compañía cafetera Baxter- le encanta participar en concursos, y envía un slogan al concurso de la Compañía Cafetera Maxford. Tres de sus compañeros de trabajo deciden gastarle una broma y le envían un telegrama indicándole que ha ganado los 25.000 $ del primer premio. Es entonces cuando Jimmy y Betty deciden salir a comprar regalos a todo el mundo, sin esperar las consecuencias posteriores…

A principios de la década de los cuarenta, el gran Preston Sturges convenció a los directivos de la Paramount para convertirse en el primer guionista norteamericano que dirigía sus propios guiones.

Después de “El Gran McGinty”, realiza “Navidades en julio”, una divertida burla del sueño americano. Con un presupuesto ínfimo –pero con mucho oficio y talento- que se tradujo en un gran éxito de taquilla, que fue lo que le permitió rodar ocho guiones propios en cuatro años. Bajo la apariencia de una comedia optimista y llena de vitalidad, se esconde en realidad una crítica bastante agresiva al american way of life.

A partir de aquí Sturges comenzó a confeccionar un estilo propio, en el que mezclaría una especie de realismo cómico, revestido de mucho escepticismo, que convierte la mayoría de sus películas en sátiras divertidas y muy eficaces, bajo la astuta apariencia de comedias optimistas. Un estilo que alcanzaría la perfección, con la exquisita “Las tres noches de Eva”.

En “Navidades en Julio” son varias las secuencias que remiten al slaptick del cine mudo; sobre todo la escena de la revuelta que provocan en el barrio los vecinos de Jimmy contra los huraños y enriquecidos capitalistas. La película está repleta de comicidad y de malentendidos propios del género: como la antológica secuencia en la que el jefazo Dr Maxford (el inclasificable Raymond Walburn) le da el cheque a Dick Powell sin saber que en realidad todavía no hay ningún ganador.

La mirada de Preston Sturges es concisa desde la primera secuencia, en la que se nos presenta a los protagonistas en una azotea de un edificio de apartamentos en Nueva York. No hay nada accesorio en el filme, directamente nos muestra cómo un humilde trabajador sueña con ganar un concurso, tan solo para poder obtener el dinero que le permita casarse e independizarse.

La película goza de una narración asombrosamente dinámica y concisa; apenas 70 minutos, cargados de brillantes diálogos e interpretaciones muy ajustadas. Sería prácticamente imposible encontrar hoy en las carteleras una película que cuente tanto en tan poco tiempo; porque el único problema de esta magnífica película es precisamente que se hace demasiado corta.

Eduardo Villanueva

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