• Por Antonio Méndez

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Dirección: Terence Young.
Intérpretes: Sean Connery, Claudine Auger, Adolfo Celi, Luciana Paluzzi.

Película basada en una novela de Ian Fleming. Con guión de John Hopkins (“Asesinato Por Decreto”, “El Pacto De Berlín”), Richard Maibaum (“James Bond Contra Goldfinger”, “Desde Rusia Con Amor”), Kevin McClory (“Nunca Digas Nunca Jamás”, “El Niño y El Puente”), Ian Fleming (“Las Flores Del Diablo”, “Nunca Digas Nunca Jamás”) y Jack Whittingham (“Nunca Digas Nunca Jamás”, “Corazón Dividido”).

Sinopsis

James Bond (Seann Connery) viaja a las Bahamas para detener el plan de la organización SPECTRE, quien amenaza con la explosión de dos bombas atómicas si no se les entrega una importante cantidad de libras esterlinas.

Crítica

Nada más y nada menos que a las Bahamas se fue James Bond/Sean Connery en esta cuarta película de la serie basada en el personaje espía de Ian Fleming que cuenta con un canción de Tom Jones en los créditos diseñados por Maurice Binder.

A pesar de que existe un exceso de plúmbeas y extensas secuencias submarinas con Connery enfrentado a los miembros de SPECTRE, se trata de una historia ágil con base en la paranoia nuclear de tiempos de Guerra Fría con muchas variantes de acción amenazante y múltiples momentos de coqueteo sexual… Ahora me acuesto con la masajista de la clínica interpretada por Molly Peters, más tarde con la voluptuosa Luciana Paluzzi (el mejor personaje femenino del film) y no pierdo tampoco el tiempo con la elegante y atractiva Claudine Auger.

Connery, ayudado en su objetivo contra el mal por múltiples gadgets tecnológicos, se muestra resuelto, atrevido, expeditivo, en una caracterización que influyó sobremanera a próximos agentes de espionaje con perspectiva desenfadada.

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Sean Connery


Dos cabezas nucleares de la OTAN han sido robadas por el Ejecutivo especial de contrainteligencia, terrorismo, venganza y extorsión, mas conocido como SPECTRE y su misterioso líder Ernst Stavro Blofeld, quien ha puesto al Numero dos a dirigir la operación y pedir un rescate por las bombas, de lo contrario serán detonadas en algún lugar de los EE.UU o Europa. James Bond (Sean Connery) se encuentra en la clínica Shrublands, disfrutando unos días fuera de servicio.

Una de las más exitosas películas de toda la serie, desatando el fenómeno de la “Bondmania” a niveles jamás imaginados y con ello una bomba de mercadotecnia y consumo masivo de productos marca 007.

Es una gran cinta Bond con el regreso de Terence Young a la dirección, ofreciendo por tercera vez el cocktail de hermosas mujeres, malévolos villanos, locaciones exóticas y dispositivos de alta tecnología (cuando comenzaron a apoderarse de la serie) como el Aston Martin DB5 (aparecido por primera vez en Goldfinger) el respirador artificial, un contador geiger, una cámara fotográfica submarina y una píldora radioactiva para conocer la ubicación del espía Británico, encarnado por cuarta vez por el insuperable Sean Connery, esta vez amenazado por el sofisticado y mortal numero dos de SPECTRE, Emilio Largo, al igual que por su mano derecha, la exuberante y acérrima femme fatale Fiona Volpe.

Pero Bond tampoco está solo en esta aventura desarrollada la mayor parte en las Bahamas; el 007 cuenta con la ayuda de su fiel amigo de la CIA Felix Leiter, esta vez interpretado por Rik Van Nutter, siendo el tercer actor en darle vida luego de que Jack Lord y Cec Linder hiciesen lo respectivo en los anteriores filmes. Además Bond cuenta con dos curvilíneas acompañantes, la agente Paula Caplan y la joven y hermosa amante de Largo, Domino Derval.

Maurice Binder regresa para los créditos de apertura, y repiten de nuevo con óptimos resultados Ken Adam y John Barry en el diseño de producción y la orquestación, con Tom Jones cantando el tema principal, Ted Moore en la fotografía, Richard Maibaum en el guión (reescrito por John Hopkins) y John Stears en los efectos visuales, por los que se llevaría una estatuilla en los premios Oscar.

La única flaqueza de la cinta son las amodorradas secuencias submarinas que ni la edición de Peter Hunt logró agilizar, impuestas por el productor Kevin McClory, enemigo perpetuo de la serie oficial y de los productores Albert Broccoli y Harry Saltzman quienes aparecen aquí como productores ejecutivos, debido a que no disponían de los derechos de la novela, arrebatados por McClory al mismísimo Ian Fleming en una batalla legal. McClory incluso realizaría en el año 1983 un espantoso remake de Thunderball titulado “Never Say Never Again” y que cuenta con el protagonismo, esta vez lastimero, de Sean Connery, en su entrada a la tercera edad y al servicio de un flojo guión de Lorenzo Semple Jr. y la insufrible y más que horrorosa dirección de Irvin Kershner.

Un clásico cargado de tensión, sensualidad, y gloriosa acción, destacando el prólogo, las intervenciones de Blofeld (Anthony Dawson), el baile en el Kiss Kiss Club, y la muy discutida escena de amor submarina entre Bond y Domino tras un arrecife de coral. Antológica.

Pierluigi Puccini

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