• Por AlohaCriticón

TAKESHIS (2005)

Dirección: Takeshi Kitano.

Intérpretes: Takeshi Kitano, Kotomi Kyono, Kayoko Kishimoto, Ren Osugi.

Beat Takeshi (Takeshi Kitano) es una estrella de los mass media, triunfa tanto en la televisión como en el cine. Es respetado por sus compañeros y admirado por sus fans.

Uno de estos admiradores es el señor Kitano (Takeshi Kitano), un aspirante a actor idéntico a Beat Takeshi que se mueve de audición en audición con la esperanza de lograr un papel importante que lance su carrera.

Desde el humor friki-surrealista de su divertido programa televisivo de los años 80, “Humor amarillo”, a su impronta cinematográfica en las últimas décadas con propuestas muy dispares (violentas intrigas criminales de yakuzas protagonizadas por lacónicos antihéroes, comedias negras con trazos satíricos, dramas iniciáticos cargados de melancolía, historias románticas de evocación lírica…), Takeshi Kitano se ha convertido en un referente esencial del mundo del espectáculo japonés.

En este “Takeshis”, Kitano parece pretender realizar su propio “8 ½” con un aparentemente complejo puzzle narrativo, que más que el interesante e hipnótico film felliniano se ubica en los petardos-onírico del David Lynch más pedante y pretencioso.

Es cuando la premisa de indagación psicológica-surreal sobre un personaje se pierde en vacuidades, en estéticas de efecto propias de un bisoño y petulante estudiante de cine (que no tiene nada que contar e intenta disfrazar sus carencias de experiencia y reflexión con ensimismamientos y abstracciones baratas), más que en la ejecución de algo realmente de valía en cuanto a temática, personajes, y narración.

La experiencia vital de Takeshi (quien estuvo a punto de suicidarse tras un grave accidente de moto) y su notorio sentido visual, confluyen habitualmente en interesantes híbridos de violencia, humor negro, nihilismo, estoicismo, escepticismo, y taciturnidad.

Todos estos rasgos, junto al surrealismo, se encuentran en esta película repleta de flashbacks y flashforwards, a través de la cual Kitano trata la dualidad (incidiendo principalmente en el ser ganador/perdedor) y la identidad (ligando sus aspectos personales con profesionales, utilizando tanto la melancolía como la autoparodia), con apariciones de estrambóticos personajes y referencias a su propia filmografía.

Todo ello a través de un embrollado y autocomplaciente juego temporal onírico, que no termina de fascinar porque la consciente confusión sobre lo narrado, que seguramente parta de un sueño tras el primer encuentro en la introducción, se pierde después en demasiadas distracciones y abstracciones.

No obstante, sí que resulta muy cautivador el retrato agridulce del personaje-payaso central, el imaginativo concepto de reflexión sobre uno mismo, y la consecución atmósferica de extrañeza y melancolía, con mucha creatividad en algunas viñetas cómicas bañadas en el absurdo.

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Takeshi Kitano

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