• Por Antonio Méndez

Dirección: José Corbacho y Juan Cruz.
Intérpretes: Ángel de Andrés, María Galiana, Elvira Mínguez, Rubén Ochandiano.

Con guión de José Corbacho y Juan Cruz.

Película que enlaza cinco historias desarrolladas en un barrio de trabajadores de una gran ciudad con Lolo (Ángel de Andrés), el propietario de un bar; Mariano (Alberto de Mendoza) y Conchi (María Galiana), dos jubilados enfrentados al miedo a la enfermedad o la soledad; Raquel (Elvira Mínguez), una mujer que busca el amor vía Internet; César (Rubén Ochandiano) y Opo (Darío Paso), dos jóvenes trabajadores de un supermercado…

No hay nada como tomarse unas tapitas con los amigos y/o amigas y, saboreando un buen vinito, una cervecita, un refresquito o lo que guste el buen paladar del señor o la señora, del joven o del viejo, conversar animadamente sobre esto o aquello, sobre lo de más allá y lo más cercano, sobre lo humano o lo divino. Vamos, el trivial contacto social para pasar el tiempo descargando frustraciones personales, cotillear un ratillo del vecino o vecina, o comentar con superficialidad el devenir del país. Convivencias comunales alrededor del tapeo en donde la comunicación banal sirva, quizá y también, para “tapar” la existencia de uno mismo.

Estas “Tapas” también sirven a Juan Cruz y José Corbacho, hacedores con El Terrat de programas televisivos de éxito de más o menos gracia, más o menos cargantes, más o menos acierto en sketches paródico-satíricos, para debutar como directores cinematográficos.

De manera coral, a lo Berlanga, emplean un diverso muestrario social en el que, valiéndose de memorias autobiográficas y usuales interacciones cotidianas de diferentes personajes en torno a un escenario confluyente, nos transportan a un barrio obrero para recrear las preocupaciones e ilusiones de caracteres de distinta tipología física y psicológica. En principio nada nuevo bajo el sol.

Tal falta de particularidad no significa que el film, una comedia suburbana, carezca de valía e interés, ya que la carencia de originalidad de un planteamiento no significa ausencia de creatividad en el progreso del mismo, ni implica ausencia de agudeza en la escritura de guión y diálogos, ni tampoco prevé el protagonismo de personajes unidimensionales, ya que el empleo de estereotipos en sí, y más si se consiguen humanizar, no es algo negativo si los mismos sirven para trasladar al espectador la idea o ideas que motorizan una película, o enfatizar sin estridencias el tono que sus autores desean conseguir para la misma.

“Tapas” combina varias historias con la suficiente agudeza en sus textos y el suficiente catálogo de personajes para, sin demasiadas pretensiones y primando la sencillez en su exposición, sin demasiadas alharacas ni extravagancias en guión y personajes, interpretados de manera estupenda, reflejar aspectos sociales y vitales básicos con pinceladas agridulces, un acercamiento sensible e incluso en ocasiones (lo que no deja de sorprender por los que firman la autoría del film) semi-lírico dentro de una manifestación realista de caracteres y situaciones.

Ofrece un cúmulo de emociones, tanto tiernas como cómicas, tanto afectuosas como melodramáticas, en diversas intrahistorias que abordan asuntos como la soledad, la esperanza, el amor o la muerte, siendo lo menos tragable la participación de coleguitas varios que no se sabe qué demonios pintan ahí más que satisfacerse a sí mismos y provocar que los mass media “cojoneros” manifiesten su presencia.

Puntuación

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