• Por AlohaCriticón

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TERCERA IDENTIDAD (2004)

Direccion: Marek Kanievska.

Intérpretes: Sharon Stone, Rupert Everett, Julian Wadham, Michael Cochrane.

Londres, 1951. Los servicios secretos han detectado la presencia de

agentes soviéticos infiltrados en la cúpula del espionaje británico.

Persuadidos del descubrimiento, los espías rusos deciden poner tierra de

por medio. Uno de los máximos responsables en aquel momento, Leo

Caufield (Ruper Everett), es cesado, trasladándose a Beirut como

periodista. Allí conocerá a Sally (Sharon Stone), que será testigo y víctima

de las consecuencias del pasado de Leo.

Después de la notable producción, “Donde esté el dinero” (2000), en la que

Paul Newman y Linda Florentino lograban un alto grado de complicidad y

nos brindaban un variado recital interpretativo, Marek Kanievska nos

ofrece en esta ocasión una copia prácticamente idéntica a su primera

película, “Otro país” (1984) que, precisamente, también protagonizaba

Rupert Everett.

En “Tercera identidad”, parece como si Kanievska quisiera mejorar el

material ya expuesto en “Otro país”. Y, en este sentido, hay que afirmar

que lo consigue.

Kanievska, con este trabajo, alcanza ese punto de cine digno y, a la vez,

de calidad. Para ello se apoya en un rodaje con unos exteriores

deslumbrantes y en una pareja que, aunque a primera vista pudiera

resultar chocante, lo cierto es que funciona.

Por un lado, Everett, desplazado de sus ya tradicionales y reiterativos

papeles ambiguos, y por otro, Sharon Stone que exhibe sus dotes

interpretativas de primerísima actriz y demuestra que es una mujer con

algo más que un cruce de piernas (de hecho ya lo había manifestado

en “Casino” (1995)).

Además, en “Tercera identidad” podemos encontrar otros lugares

típicamente cinematográficos, como la llegada de Stone a Moscú, una

secuencia inversa pero calcada al famoso epílogo de “Casablanca” (1942).

O bien, las imágenes con las que se deleita Everett de “El rey Lear” (1970),

de Grigori Kozintsev, y de cuyo guión, Kanievska extrae un precioso

fragmento que, a manera de “Siempre nos quedará París”, Everett le

declama a Stone:

“¡No, no, no! ¡A la prisión! ¡Ven! ¡Vamos!. Allí cantaremos solos como

pájaros enjaulados. Cuando pidas que te bendiga, arrodillado imploraré tu

perdón; y, así, viviremos, y cantaremos, y rezaremos, y contaremos viejos

cuentos y nos reiremos de las mariposas de colores…”

Alberto Alcázar

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Sharon Stone

Rupert Everett

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