• Por AlohaCriticón

UN SOPLO EN EL CORAZÓN (1971)

Dirección: Louis Malle.

Intérpretes: Lea Massari, Benôit Ferreux, Daniel Gélin, Michael Lonsdale.

Dijon, Francia, años 50. La historia se centra en un adolescente llamado Laurent Chevalier (Benôit Ferreux), quien, en un ambiente familiar burgués, comienza a explorar sus crecientes deseos sexuales.

En un tono distendido y normal (muy cercano a algunos postulados de la Nouvelle Vague), Louis Malle en “Un soplo en el corazón”, describe una historia sencilla y no por ello exenta de interés y profundidad.

Una familia acomodada de París, – padre médico, madre joven, tres hijos adolescentes, colegio de curas–, conviven de forma absolutamente corriente a mediados de siglo. En el film se describe el difícil paso por la edad de la pubertad. Desde la rebeldía inocente, a la iniciación sexual, pasando, como no, por la represión eclesiástica y las convenciones paternalistas.

La sistemática rigidez del padre, contrasta con el consentimiento y el efusivo cariño de la joven madre, sobretodo con el pequeño (14 años) de la familia.

El film, acabará centrándose en la relación edípica del joven con su madre. Una enfermedad leve del muchacho (un soplo en el corazón), le hará pasar, solo junto a su madre, una temporada en un balneario. El ambiente distendido, la proximidad física de compartir la misma suite, o el descubrimiento, desconcertante a la vez que excitante, de las relaciones extramatrimoniales de la madre, le hará reconocer abiertamente su atracción maternal.

Los hechos, terminarán en un descriptivo (y escandaloso para la moral establecida) incesto. Suceso, tratado por el director francés con una naturalidad aplastante, sin culpabilidad, sin pecado, sin opinión, como el resultado, a una edad, natural en la condición humana, de un amor real, pero absolutamente tabú en la condición social.

Angel Lapresta

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