• Por AlohaCriticón

SEMEN, UNA HISTORIA DE AMOR (2005)

Dirección: Inés París y Daniela Fejerman.

Intérpretes: Ernesto Alterio, Leticia Dolera, Héctor Alterio, María Pujalte.

Serafín (Ernesto Alterio) es un cirujano dedicado a la fecundación in vitro

que organiza toda su vida a través de los principios de la ciencia. Vive con

su padre (Héctor Alterio), un antiguo meteorólogo que nunca sale de su cama

desde que erró en una predicción. Un día Serafín conocerá a Ariadna (Leticia

Dolera), una trapecista que ansía tener un hijo y que acude a sus servicios

para ese fin. Tras un problema en la operación, Serafín decide usar su

esperma para lograr la fecundación, dando lugar a una serie de

acontecimientos.

“Semen, una historia de amor” es el segundo largometraje del dúo de

directoras compuesto por Inés París y Daniela Fejerman, que ya lograron

interesar con su primer trabajo, “A mi madre le gustan las mujeres”. Si en

aquella ocasión hablaban del lesbianismo a una cierta edad vital, ahora nos

cuentan una historia sobre la paternidad y sus diversas manifestaciones,

siempre manteniendo el tono de comedia.

Lo primero que a uno le viene a la cabeza al visionar este film, es que la

sombra de “Amelie” es alargada. Es indudable que la cinta debe mucho a la

espléndida película francesa, ya sea su narración de cosas peculiares en

off, la estética colorista y naïf, lo entrañables que se antojan los

personajes y las situaciones que viven, etc. Pero está claro que París y

Fejerman no son Jean Pierre Jeunet y eso se deja notar en varias ocasiones.

Hay una fina línea que separa lo poético y mágico de lo edulcorado y

pastelazo (como en el caso de la infantiloide y sobrevalorada “Descubriendo

nunca jamás”), y esta línea la cruzan las realizadoras en más situaciones de

lo deseado.

Así pues, obtenemos algunos sucesos metidos con calzador (el por qué de la

última función del circo de Ariadna) y algún momento sobrado de azúcar entre

Serafín y Ariadna o a propósito del hecho de la paternidad de éste.

Sin embargo, no hay que buscar sólo lo negativo, pues también hay elementos

positivos como el uso de diversas fuentes de la comedia (hay momentos de

homenaje a la comedia de enredo o al slapstick del cine mudo), o lo fresco

de su narración en varios momentos, aunque esto tenga siempre la película de

Jeunet como referente.

En el apartado actoral, hay que destacar el buen hacer de los Alterio, padre

e hijo en el film y en la vida real, que logran transmitir una divertida

química, Héctor de cascarrabias y Ernesto de pardillo, siendo los momentos

que comparten en pantalla los más logrados del metraje. No se puede decir lo

mismo de una poco convincente Leticia Dolera, que hace un doble papel, el

citado de la trapecista y el de su hermana gemela. La chica tiene fotogenia,

pero no te la acabas de creer en su rol de trastocadora del mundo racional

de Serafín, le falta empaque.

En resumidas cuentas, una película con sus aciertos y fallos, a la que hay

que agradecer que busque un tono diferente en la comedia española, demasiado

centrada en productos costumbristas de aire televisivo, con una historia que

pretende ser una fábula cautivadora, pero que se queda en simpática, sin

más.David García

Enlaces

Ernesto Alterio

Leticia Dolera

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