• Por Antonio Méndez

vivir-su-vida-cartel-sinopsis-posterDirección: Jean-Luc Godard.
Intérpretes: Anna Karina, André S. Labarthe, Sady Rebbot, G. Schlumberger.

Con guión de Jean-Luc Godard (“Pierrot El Loco”) y Marcel Sacotte.

Sinopsis

Nana (Anna Karina) trabaja en una tienda de discos pero necesita más dinero que el que gana en su trabajo.
Por ello decide ejercer la prostitución.

Crítica

vivir-su-vida-godard-anna-karina-peliculas-criticaLa hermosa actriz danesa Anna Karina, mujer en la época del director Jean-Luc Godard, protagoniza esta historia de prostitución y destino trágico fragmentada en doce cortos episodios.

Resulta muy estimulante el tono empleado y el sentido estético-narrativo, con planos fijos mantenidos en perfil o en las espaldas de los personajes en conversación, perspectivas de sutil movimiento pendular, partes de documental con voz en off y un resuelto montaje que contrasta con la mesura en la puesta en escena que significa gran parte del film.

El acercamiento al tema de la prostitución es muy interesante, sincero, sin efectismos ni maneras de folletín, conteniendo en su trayecto referencias culturales a Edgar Allan Poe, el cine negro clásico o las películas de Carl Theodor Dreyer, no en vano emiten en un cine “La Pasión de Juana De Arco” con Maria Falconetti.
Su abrupta conclusión es lo menos satisfactorio aunque traslada al film de forma seca y contundente hacia sus claves de ventura fatal.

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Jean-Luc Godard


anna karina godard peliculasPelícula estructurada en doce episodios que está centrada en la figura femenina de Nana (Anna Karina), una mujer que tiene que dedicarse a la prostitución para eludir su precaria situación económica.

Con la “nouvelle vague” como vanguardia, irrumpiendo enérgicamente en el cine de los sesenta, Jean Luc Godard, uno de sus principales exponentes, y mito del movimiento con su película “A bout de souffle”, continúa su evolución más madura y profunda con “Vivir su vida”, en la que, con Ana Karina, su mujer, como eje del film, desarrolla uno de los ejercicios de libertad formal más acertados de su carrera.

Con una fotografía directa, espontánea, heredera de los Doisneau o Cartier-Bressons trasladados al cine, Godard cuenta un fragmento en la vida y la evolución de una joven que acaba en la prostitución, de una forma natural, sin ningún dramatismo, simplemente impulsada por el estilo de vida impuesto en la sociedad del dinero.

Sin excusas, sin sensiblerías, evitando subrayados, expone el relato sin darle ninguna importancia, dando un total efecto de normalidad a una situación, en realidad, normal socialmente, aunque trascendental para su protagonista.

La sensación de cotidianeidad, se ve perfectamente reforzada con el lenguaje visual, esta vez más maduro y libre. Los encuadres informales, la iluminación natural, los escenarios reales, por no decir del montaje, rompen con cualquier escuela formalista, para dar al espectador una presencia física dentro del film.

Lo que en la mayoría de los planteamientos tradicionales, hubiera sido un melodrama o un film de denuncia, en Godard, la espontaneidad aparente, moviéndose entre la ficción y el reportaje, logra un acercamiento a los personajes tan natural como sencillo. Un planteamiento que contribuirá a la consolidación de la semántica que caracterizará las mejores obras del movimiento revolucionario del cine por excelencia, en la década de las revoluciones.

Angel Lapresta

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