• Por AlohaCriticón

WHITE NOISE 2: LA LUZ (2007)

Dirección: Patrick Lussier.

Intérpretes: Nathan Fillion, William MacDonald, Kendall Cross, Katee Sackhoff.

Secuela de “White Noise” (2005) de Geoffrey Sax. Con guión de Matt Venne (“Mirrors 2”).

Abe Dale (Nathan Fillion) ha intentado suicidarse después de que su mujer y su hijo hayan sido asesinados. Después de sufrir una experiencia cercana a la muerte, Abe vuelve a la vida con el añadido de un poder que le permite percibir un aura en personas cercanas a la muerte.

Alumno de Wes Craven, con quien colaboró en variadas ocasiones como montador, Patrick Lussier, especialista en secuelas infumables (La Profecía 3, Dráculas varios…), es el responsable de la continuación de “White Noise”, película centrada en el fenómeno paranormal de la experiencia cercana a la muerte. Sí, eso del tunel, la luz blanca y tu vida a toda leche en plan película antes de contactar con la parentela. Lo normal, vaya…

Al igual que las películas previas de Lussier, “White Noise 2” no es que excite en demasía, con el típico personaje traumatizado por una situación criminal inmerso en una concatenación de extrañezas derivadas del trauma detonante y sus ineludibles consecuencias psicológicas.

A raíz de la ECM, su existencia se plagará de apariciones espectrales, presagios de muerte, psicofonías, interferencias… viéndose atrapado en una espiral de hechos sobrenaturales y un ambiente de tonos obsesivos, afligidos y sombríos, con coqueteo incluido con una rubia a la que le encanta “La novia de Frankenstein”.

El terror no existe más allá del sustismo puntual con los molestos excesos ruidistas, el ralentí enfático, los flashbacks perturbadores, y las presencias de fantasmas descoloridos.

Tampoco ayuda a la penetración en la floja historia la escasa dimensión concedida a sus personajes, en especial los secundarios. A pesar de la correcta interpretación de Nathan Fillion (el único que se salva del comistrajo), los caracteres se definen con cuatro rasgos tópicos, hecho que reduce la implicación en sus correrías parapsicológicas y en su trivial intriga criminal-satánica final, con dispositivos ya contemplados en ocasiones anteriores, una de ellas en “La zona muerta”, con David Cronenberg adaptando a Stephen King.

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