• Por AlohaCriticón

XXX2 (2005)

Director: Lee Tamahori.

Intérpretes: Ice Cube, Samuel L. Jackson, Willem Dafoe, Peter Strauss.

Darius Stone (Ice Cube), requerido por Augustus Gibbons (Samuel L. Jackson), miembro de la Agencia de Seguridad Nacional, es un agente secreto encargado de detener un grupo de militares disidentes liderado por el Secretario de Defensa George Deckert (Willem Dafoe), quien tiene la intención de derribar el gobierno estadounidense.

El neozelandés Lee Tamahori comenzó en los años 80 trabajando en títulos de bajo presupuesto en su país natal, que seguramente nadie ha visto, para moverse a Hollywood y, castrado en su esencia de espíritu independiente, dedicarse a realizar títulos de género estilizados a nivel visual y desplegados con una soltura rítmica más que aceptable, lo que ya de por sí son características básicas en un artesano bien armado para el tempo cinematográfico en cuanto a thrillers y acción.

Por estos méritos, que sirven para otorgar valía a historias de peso pluma, Tamahori fue contratado para rodar la secuela de “XXX”, el film que lanzó a la fama definitiva al membrudo Vin Diesel y que se erigió como puntal de la acción del siglo XXI con un personaje carismático al frente que va más allá de la propia acción con empáticas aposturas en estilo y psicología, al estilo de James Bond o John McLane, pero con una perspectiva bastante acnéica, un enardecido sentido de la acción videojueguera, y la típica trama simplista con antihéroe durillo y burlón en base a una apurada confabulación de corruptelas y/o metas megalómanas. Lo nunca visto, vaya.

Sin Diesel en el papel protagonista el encargado de dar vida al nuevo agente es Ice Cube, rapero convertido en actor que seguramente ahora disfrute de los lujos materiales y demás privilegios sociales que en sus primeros textos de instituto podría combatir o denunciar. Pues bien, me parece fenomenal.

“XXX2” no retiene al citado Diesel pero sí mantiene del primer film el objetivo escapista con escenas inverosímiles y el sonido a todo meter, diálogos basura que realmente no importan nada a quienes los oyen y que ligan explosión tras explosión, naturaleza paródica, base testosterónica con enfoque vitaminado y mineralizado aunque sin la gracia del entrañable Superratón creado por Paul Terry para Terry-Toon, y el aneuronal y pelma desarrollo de un guión con clímax tras clímax que acaba fogueando al final de una película de acción descerebrada y playstationera que incluso, vaya usted a saber, podrá ser disfrutada por los amantes de este, ya, subgénero.

Enlaces

Samuel L. Jackson

Willem Dafoe

Scott Speedman

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