• Por Antonio Méndez


Dirección: Jirí Menzel.
Intérpretes: Ivan Barnev, Oldrich Kaiser, Julia Jentsch, Martin Huba.

Película basada en una novela de Bohumil Hrabal (“Yo Que He Servido Al Rey De Inglaterra”, Editorial Destino). Con guión de Jirí Menzel (“Trenes Rigurosamente Vigilados”, “Crimen En El Teatro”).

Sinopsis

Años 30. Jan Dite (Ivan Barnev/Oldrich Kaiser) tiene ambiciones de convertirse en millonario. Para lograrlo ha ejercido de camarero en un pub y en un burdel de lujo antes de llegar a trabajar en un refinado restaurante de Praga. Ahora mantiene relaciones con Líza (Julia Jentsch), una alemana que en tiempos de Hitler se hace con valiosos sellos de judíos que convierten en rico a Jan.

Crítica

yo serví al rey de inglaterra foto para críticaEl novelista Bohumil Hrabal ha sido la base de varias de las mejores películas del director checo Jirí Menzel, véanse sus trabajos en los 60, “Trenes Rigurosamente Vigilados”, “Alondras En El Alambre” o “Las Perlas En El Fondo Del Agua”, o también en los 80, con “Tijeretazos” o “La Fiesta De Ls Campanillas Verdes”.

En esta ocasión Menzel adapta a Hrabal empleando las claves esenciales de los dos autores checos, con una mezcla de comedia costumbrista, situaciones iniciáticas, momentos surreales y lugares para la sátira.

“Yo Serví Al Rey De Inglaterra” nos presenta a un particular protagonista masculino que desea alcanzar una posición económica elevada mediante el progreso laboral en un contexto sociopolítico cambiante. Su avance es contado a través de varios flashbacks desde la posición presente del personaje recién salido de prisión. La voz en off es constante a lo largo de todo el film y los primeros trazos humorísticos tienen ecos del cine cómico mudo.

Es interesante resaltar el contraste lumínico entre el presente y el recuerdo de Jan Dite. El presente es gris, triste, el aspecto del personaje es desaliñado, los lugares físicos se encuentran abandonados… En cambio, en el pasado todo parece lucir de forma alegre, radiante, ostentosa, sean los prostíbulos o los restaurantes.

El citado progreso de Dite se puede dividir en tres tramos según su contexto sociopolítico. El primero nos muestra al protagonista antiheróico en un ambiente de libertad con un claro objetivo: convertirse en rico creciendo profesionalmente y así poder disfrutar del placer carnal adornado por flores, el gusto por la buena comida y bebida, los detalles ornamentales del lujoso mobiliario, las espaciosas estancias, las propinas sin medida… La exposición se sirve de viñetas coloristas con ocasión para la caricatura irónica, el surrealismo, la sátira, la jocosidad sexual y la excentricidad.

El segundo es una sátira a los nazis y en especial a su obsesión por la raza pura aria. Los checos se ven asaltados por la ideología totalitaria y la escasa resistencia del país tiene que plegarse ante el dominio alemán.

Dite, que parece ausente de tal dominio con tal de alcanzar la riqueza y que incluso se ha ligado a una ferviente admiradora de Hitler, tiene que pasar pruebas seminales y servir en el antiguo burdel glamouroso ahora convertido en una fábrica de muchachos rubios engendrados por germanas que se pasean en pelota picada por el césped y nadan plácidamente en la piscina.

El tercero, tras la derrota de los nazis, recalca breve pero significativamente el nuevo absolutismo ideológico que sufrirán los checos con la llegada del comunismo. Ahora, con las situaciones creadas por Jirí Menzel, los presuntamente igualitarios meten al individuo en la cárcel simplemente porque el trabajo o la suerte les ha permitido ser millonarios.

Así, un práctico aldeano, humilde y bajito, tiene que acabar en prisión por tener dinero en el banco. Este aspecto satírico se desluce en escenarios más sombríos conectando con las consecuencias del tercer ambiente politico, en el cual nacen los recuerdos nostálgicos en flashbacks.

La película, con carácter final de tragicomedia, es un conjunto de anécdotas, algunas más brillantes que otras, que cuentan con el protagonismo de un singular personaje de excelente caracterización (casi sacado de un tebeo en sus años mozos), testigo y víctima de los avatares decadentes de una época, un país y un individuo azorado por totalitarismos de distinta naturaleza. Bueno, siempre le quedará la cerveza.

Puntuación

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