• Por Antonio Méndez

crimen y castigo fiodor dostoievski libro portadaRodion Romanovich Raskólnikov es un joven estudiante de San Petersburgo, que sufriendo graves penurias económicas, busca la solución a las mismos con el asesinato de una vieja usurera. Este hecho marcará su pesarosa prisión emocional, su castigo.

“Crimen y Castigo” (1866) es una de las obras cumbre del gran Fedor Dostoievski, con una excepcional definición de personajes y ambientes, especialmente en el aspecto psicológico de los caracteres y la extrema descripción de un contexto que invade sensorialmente al lector.

Con una narración omnisciente en tercera persona, este excepcional drama recoge con maestría asuntos como la redención, la alienación, la noción de superhombre, o la carga interna del crimen por parte de un personaje marcado por el nihilismo y una trama de tono sombrío que en su esencia no evade el conflicto entre el bien y el mal.

Obra maestra imprescindible.


EL JUGADOR

El gran escritor ruso Fedor Dostoievski era un acérrimo jugador, pasión que llevó al extremo a lo largo de su existencia y que le ocasionó múltiples conflictos personales, en especial económicos.

En esta excelente novela narrada en primera persona, Dostoievski refleja con penetración la faceta ludópata de su personalidad en el personaje de Aleksei Ivanovich, enamorado de Polina y jugador impenitente de la ruleta, pivote central de una excelente exposición de afligidos personajes maravillosamente construidos y depositados sobre el juego, el desamor, la avaricia y la libertad.

Leamos fragmentos de “Crimen y castigo” y de “El Jugador”:

Crimen y Castigo

Una tarde extremadamente calurosa de principios de julio, un joven salió de la reducida habitación que tenía alquilada en la callejuela de S… y, con paso lento e indeciso, se dirigió al puente K…

Había tenido la suerte de no encontrarse con su patrona en la escalera. Su cuartucho se hallaba bajo el tejado de un gran edificio de cinco pisos y, más que una habitación, parecía una alacena. En cuanto a la patrona, que le había alquilado el cuarto con servicio y pensión, ocupaba un departamento del piso de abajo; de modo que nuestro joven, cada vez que salía, se veía obligado a pasar por delante de la puerta de la cocina, que daba a la escalera y estaba casi siempre abierta de par en par.

En esos momentos experimentaba invariablemente una sensación ingrata de vago temor, que le humillaba y daba a su semblante una expresión sombría. Debía una cantidad considerable a la patrona y por eso temía encontrarse con ella. No es que fuera un cobarde ni un hombre abatido por la vida. Por el contrario, se hallaba desde hacía algún tiempo en un estado de irritación, de tensión incesante, que rayaba en la hipocondría. Se había habituado a vivir tan encerrado en sí mismo, tan aislado, que no sólo temía encontrarse con su patrona, sino que rehuía toda relación con sus semejantes.

La pobreza le abrumaba. Sin embargo, últimamente esta miseria había dejado de ser para él un sufrimiento. El joven había renunciado a todas sus ocupaciones diarias, a todo trabajo.

En el fondo, se mofaba de la patrona y de todas las intenciones que pudiera abrigar contra él, pero detenerse en la escalera para oír sandeces y vulgaridades, recriminaciones, quejas, amenazas, y tener que contestar con evasivas, excusas, embustes…

No, más valía deslizarse por la escalera como un gato para pasar inadvertido y desaparecer.

Aquella tarde, el temor que experimentaba ante la idea de encontrarse con su acreedora le llenó de asombro cuando se vio en la calle………………

El Jugador

Después de una ausencia de quince días ¡he vuelto por fin!. Hace ya tres días que los nuestros llegaron a Roulettenburg. Creí que me esperarían impacientes, pero no fue así.

El general tenía aspecto desenfadado. Hablándome con cierta arrogancia me dijo que fuera a hablar con su hermana. Evidentemente habían conseguido un préstamo de dinero. Incluso pensé que al general le molestaba encontrarse conmigo.

María Filipovna parecía nerviosa. Apenas pronunció unas palabras, pero cogió el dinero, lo contó y escuchó hasta el fin lo que yo le decía.

Esperaban a comer a Mezentov, al francés y a un inglés. Igual que siempre, en cuanto tienen dinero invitan a la gente a comer, a lo moscovita. Cuando Paulina Alexandrovna me vio, me preguntó la causa de haber estado tanto tiempo ausente, pero no esperó a oír mi respuesta.

No tengo duda de que lo hizo deliberadamente. Es preciso, de todos modos, que tengamos una explicación. Necesito aliviar mi corazón…

Para darme a entender que debía pasear con las niñas por el parque, alejándonos del casino, pronunció un enfático discurso, lleno de paréntesis, en el que terminó por armarse un verdadero lío.

– Es usted capaz, si no, de llevarlas ante una ruleta. Perdóneme -añadió- pero sé que su cabeza no está muy sentada todavía y el juego podría arrastrarle….

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