• Por AlohaCriticón

Nombre clave del vanguardismo argentino, Oliverio Girondo fue uno de los escritores más creativos de la poética en español.

Deudor de las vanguardias europeas, sea con raíz en el ultraísmo, el futurismo o en el surrealismo, el autor bonaerense supo crear una interesante expresión personal con riqueza en figuras y un uso libertario de las formas de expresión que buscan la originalidad y la ruptura con previos estilos.

Emplea versos libres, musicalidad, neologismos, jitanjáforas… Sin olvidar el empleo de un peculiar sentido del humor.

Un poeta muy disfrutable y recomendable del que exponemos un breve texto descriptivo:

No se, me importa un pito que las mujeres tengan los

senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de

durazno o de papel de lija. Le doy una importancia

igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento

afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy

perfectamente capaz de soportarles una nariz que

sacaría el primer premio en una exposición de

zanahorias; ¡pero eso si! – y en esto soy irreductible-

no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan

volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que

pretenden seducirme! Está fue – y no otra- la razón de

que me enamorase, tan locamente, de María Luisa. ¿Que

me importaban sus labios por entregas y sus encelos

sulfurosos? ¿Que me importaban sus extremidades de

palmípedo y sus miradas de pronostico reservado? ¡

María Luisa era una verdadera pluma! Desde el amanecer

volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a

la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa.

Volando realizaba sus compras, sus quehaceres… ¡Con

qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de

algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido

entre las nubes, un puntito rosado. ” ¡María Luisa!

¡María Luisa!…y a los pocos segundos, ya me abrazaba

con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a

cualquier parte. Durante kilómetros de silencio

planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso;

durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como

dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja

muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo. ¡Que

delicia la de tener una mujer tan ligera…, aunque nos

haga ver, de vez en cuando las estrellas! ¡Que

voluptuosidad la de pasarse los días entre las

nubes…la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer a una mujer etérea, ¿puede

brindarnos alguna clase de atractivos una mujer

terrestre? ¿ Verdad que no hay una diferencia

sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que

tenga las nalgas a setenta y ocho centimetros del

suelo? Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la

seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que

ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera

imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

Ir a la biografía AlohaCriticón de Oliverio Girondo

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