• Por AlohaCriticón

FABULAS LITERARIAS

Tomás de Iriarte

Uno de los grandes fabulistas en lengua española es Tomas de Iriarte, un escritor de polémica pluma que en esta ocasión dedicó sus meritorias facultades literarias para construir concisos relatos con intención satírica e instructiva influenciados por los modelos clásicos de Esopo y por La Fontaine.

Estas son algunas de sus fábulas:

El burro flautista

Esta fabulilla,

salga bien o mal,

me ha ocurrido ahora

por casualidad.

Cerca de unos prados

que hay en mi lugar,

pasaba un borrico

por casualidad.

Una flauta en ellos

halló, que un zagal

se dejó olvidada

por casualidad.

Acercóse a olerla

el dicho animal,

y dio un resoplido

por casualidad.

En la flauta el aire

se hubo de colar,

y sonó la flauta

por casualidad.

“¡Oh! -dijo el borrico-,

¡qué bien sé tocar!

¡Y dirán que es mala

la música asnal!”

Sin reglas del arte,

borriquitos hay

que una vez aciertan

por casualidad.

Los dos loros y la cotorra

De Santo Domingo trajo

dos loros una señora.

La isla en parte es francesa,

y en otra parte española.

Así, cada animalito

hablaba distinto idioma.

Pusiéronlos al balcón,

y aquello era Babilonia.

De francés y castellano

hicieron tal pepitoria,

que al cabo ya no sabían

hablar ni una lengua ni otra.

El francés del español

tomó voces, aunque pocas;

el español al francés

casi se las toma todas.

Manda el ama separarlos,

y el francés luego reforma

las palabras que aprendió

de lengua que no es de moda.

El español, al contrario,

no olvida la jerigonza,

y aun discurre que con ella

ilustra su lengua propia.

Llegó a pedir en francés

los garbanzos de la olla,

y desde el balcón de enfrente

una erudita cotorra

la carcajada soltó,

haciendo del loro mofa.

Él respondió solamente,

como por tacha afrentosa:

“Vos no sois que una PURISTA”.

Y ella dijo: “A mucha honra”.

¡Vaya, que los loros son

lo mismo que las personas!

Los dos conejos

Por entre unas matas, seguido de perros,

no diré corría, volaba un conejo.

De su madriguera salió un compañero y le dijo:

“Tente, amigo, ¿qué es esto?” “¿Qué ha de ser?”, responde;

“sin aliento llego…; dos pícaros galgos me vienen siguiendo”.

“Sí”, replica el otro ,”por allí los veo, pero no son galgos”.

“¿Pues qué son?” “Podencos.” “¿Qué? ¿podencos dices?

Sí, como mi abuelo. Galgos y muy galgos; bien vistos los tengo.”

“Son podencos, vaya, que no entiendes de eso.”

“Son galgos, te digo.” “Digo que podencos.”

En esta disputa llegando los perros ,

pillan descuidados a los dos conejos.

Los que por cuestiones de poco momento

dejan lo que importa, Llévense este ejemplo.

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