• Por AlohaCriticón

A diferencia de otros conjuntos ubicados en la penuria constante y el sopor expansivo depresivo, estos británicos Art Brut se sitúan, para bien, en el pop de nervudo ritmo y líricas cotidianas con retazos humorísticos.

Sus ascendencias sónicas, compartidas en parte con los Franz Ferdinand, se asientan principalmente en la new wave, el punk-pop, el brit-pop y el post-punk, recordando a los Buzzcocks, The Fall, Blur, Rezillos, Magazine o Pulp.

El sentido del humor, los estribillos inmediatos, la declamación vocal confesional, el tacto melódico y los vitaminados ritmos hacen del disco una experiencia de pop guitarrero bastante grata, en especial al iniciarse el álbum con dos excelentes temas: “Pump Up The Volume” y “Direct Hit”.

La primera es una historia de ligoteo bastante friki con el que el vocalista-parlador Eddie Argos se halla en plena faena de besuqueo pre-coital. En pelota picada se manifiesta más preocupado en subir el volumen de la canción de fondo que de introducirle la lengua a la moza. No deja de ser un compartimento de placeres.

La segunda, pieza nuevaolera de exuberante ritmo con un penetrante riff, muy similar a un tema de los Sounds y en concepto a las composiciones de los Franz Ferdinand con coros a lo Beach Boys y un contagioso estribillo. La canción exalta el baile como evasión del contexto y miraditas directas a prominentes tetas bien redondeaditas y turgentes. Al bailongo se le van los ojos.

En “St. Pauli” se afirma en alemán que el punk no está muerto. El tema, que no quedaría mal en un vinilo de los Buzzcocks, Argos pide perdón por su pronunciación germana.

En “People in Love”, con un riff guitarrero infeccioso, busca el optimismo tras una ruptura amorosa, afirmando que… ¿para qué quieres enamorarte?. ¿Para acomodarte, engordar y rascar la panza ante la televisión?… Para eso mucho mejor estar solo.

El enfoque temático adolescente se aprecia en gran parte de las piezas que festejan tal etapa, como “Late Sunday Evening”, estampas de domingo con resaca adornadas por arreglos de viento y coros de nuevo a lo hermanos Wilson, “I Will Survive”, retrato de la vida independiente de un joven vagueta de precaria economía, muchas ganas de fiesta y mucha más desmaña en la vida doméstica, “Post Shoothing Out”, con una pareja de sueldo desequilibrado, “Blame It on the Trains”, con noche de juerga y días para dormir la mona, o “Nag Nag Nag Nag”, con un adolescente que no desea madurar pero sí abandonar el hogar. Pues estamos apañados con tal combinación.

El disco se cierra con “Jealous Guy”. Nada que ver con el tema homónimo de John Lennon en el que el protagonista no quiere que su novia duerma y quiere despertarla moviendo y dando la paliza con las mantas y las sábanas. Será pesado el muchachito egoísta.

Todas estas narrativas, bastante bien definidas sin artificios ni cripticismos fatuos, están desplegadas con plausible jovialidad pop, a través de ágiles líneas guitarreras, cierta comicidad, y ritmos vibrantes, características reiteradas a lo largo de todo este animoso álbum.

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