• Por Antonio Méndez

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Tras la ruptura de Oasis, Liam Gallagher creó Beady Eye junto a sus compañeros en las últimas producciones de Oasis, el guitarrista Gem Archer y el bajista Andy Bell, con el añadido del batería Chris Sharrock, un músico que también colaboró en estudio y en directo con el extinto grupo de los hermanos Gallagher.

Adiós a las letras de Noel y prorroga de las pautas estéticas y sonoras de Oasis, ancladas en la parte media y final de los años 60 (Beatles, Stones, Small Faces, Kinks, Who…) con alguna dosis glam, en especial T. Rex.

Producido por Steve Lillywhite, el álbum se inicia con “Four Letter Word”, un corte sobre la relatividad del tiempo y la escasa permanencia de las cosas… Nada dura para siempre… Quizá se refieran a los propios Oasis. El tema, bullanguero rock con sonidos wah wah, es uno de los más destacados del disco. Posee fuerza, melódica y épica orquestal.

En “Millionaire” citan a Salvador Dalí sobre notas acústicas blues y rasgos de luminoso pop psicodélico. La voz es dulce y el rítmico tema es como un encuentro entre los Herman’s Hermits, Beatles y Kula Shaker, el grupo más lisérgico del fenómeno britpop de los 90 hasta que los propios Oasis se adentraron también en el pop ácido en su última etapa.

“The Roller” es un flojo y monótono medio tiempo que remeda el maravilloso “Instant Karma” de John Lennon… Te voy a llevar a un sitio a donde nadie te ha llevado, te daré algo que nunca has sentido… No destaca este texto por su originalidad. Rasgueos acústicos, piano y un ritmo con resonancias de Marc Bolan.

En “Beatles And Stones” canta Liam que van a resistir el paso del tiempo con su rock al igual que los Beatles y los Rolling Stones. ¿Se lo creerá? Puede… Pulsaciones rítmicas a lo Who en el clásico “My Generation” y cercanías garajeras R&B estilo Yardbirds, partes de bajo a lo Bill Wyman, piano honky town… Es una mezcolanza que pierde empaque a final de pieza sin demasiada dirección.

El medio tiempo “Wind Up Dream” siguen con su obsesión por las melodías y tonos creados por Lennon con guiños también a los Stones. El riff guitarrero es tipo Keith Richards, se utiliza un güiro y una armónica. Armonías lisérgicas. Este tema tampoco va a ninguna parte.

“Bring The Light” eleva el ritmo… Piano Jerry Lee Lewis y base R&B imitando a los Rolling Stones o a los grupos garajeros de mediados de los años 60 con apoyo vocal femenino gospel-soul. No es nada del otro mundo pero por lo menos tiene energía.

Gallagher se pone meloso en “For Anyone”, canción acústica que cruza el Merseybeat con el jangle pop. Luminosa, melódica y sencilla. Se agradece la falta de pretensiones y la sublimación melódica tan típica de los grupos más pop de los años 60.

“Kill For A Dream” es uno de los momentos más olvidables del disco. Balada de conciliación y mechero en alto con formulistas arreglos y composición. Posee también ambiciones de himno en el que caben ecos muy, pero que muy, lejanos de la gran “Hey Jude” de los Beatles.

En “Standing On Edge Of The Noise” regresa la fuerza rock con un pasable y festivo tema con trazas glam rock y pub rock. En algún momento recuerda a la melodía publicitaria de la Coca-Cola.

“Wigwam” es el corte más autoindulgente del disco. Seis minutos de lisergia incolora, intento baldío de sonar psicoprogresivos no se sabe si para homenajear al grupo prog-rock nórdico del mismo nombre que apareció a finales de los años 60.

Quiero ir a donde va la gente, saber qué sucede… Muy curioso está Liam en “Three Ring Circus”, intrascendente pieza rock. Como en plan Lennon del álbum “Rock’n’Roll” y el añadido de dosis de psicodelia y blues rock.

Uno de los momentos álgidos de este trabajo es “The Beat Goes On”. La melodía es sensacional y aquí sí que Beady Eye muestran con talento y sensibilidad su herencia del pop 60’s. Tono melancólico y dulce con los Beatles en mente pero que a algunos les traerá la capacidad melódica de Jeff Lynne. Lo que tenían que aprender de sus maestros es a reducir por lo menos un minuto el tema para provocar mayor adicción al mismo y no redundar tanto sus motivos. Se les queda un poco largo.

El disco termina con “The Morning Son”, balada psicodélica con eco vocal y sutil órgano. Tranquila, relajada con un contrapunto explosivo final y con defectos estructurales condicionados por la pretensión.

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