• Por Antonio Méndez

Crítica

Si de algo no se le puede tachar a Björk es de acomodaticia en sus sonidos y menos de evitar la audacia en sus proyectos, que fascinarán a unos o unas y espantarán a otros u otras, especialmente los menos apegados a la música electrónica y vanguardista.

En “Medulla” la islandesa se desnuda de instrumentación para construir básicamente un ambicioso collage vocal que hastía en algunos pasajes y sugestiona en otros, especialmente los que cuentan con invocaciones cuasi de tipo medieval que parecen conducirnos a imágenes islandesas en blanco y negro y, a colación de ellas, paisajes nórdicos de filmes de Sjostrom, Stiller o Bergman.

Este traslado sensitivo se produce principalmente cuando emplea su lengua natal, el islandés, provocando que el oyente se enmarque dentro de sus malabarismos vocales y la expresividad de sus singulares locuciones, hecho apreciable en “Vokuro”, el corte más hermoso y elegante del álbum, y el único no escrito por la propia Björk, quien acompañada por el Icelandic Choir, adopta de manera estupenda una pieza escrita para piano, en su composición original, por el compositor Jorunn Vidar.

Otros cortes interesantes son “Show Me Forgiveness”, tema de apreciable belleza en el que solamente con una voz y totalmente a capela, Björk pide perdón y requiere fuerzas por haber perdido la fe en si misma; “Oceania”, selecta canción que la artista islandesa cantó en los juegos olímpicos de Atenas y que cuenta con un maravilloso acompañamiento femenino que a veces parecen simular súcubos tentadoras y otras las bailarinas acuáticas de Esther Williams; “Where Is The Line With You”, canción  mantra con coros espeluznantes a la que le sobran ciertos efectos sonoros y con la voz recayendo principalmente en marcar la base rítmica; o “Mouth’s Craddle”, un caótico pero atractivo ejercicio de opulencia electrónica y vocal.

El trabajo resulta paradójico por ser muy pretencioso en base a un concepto minimalista, pero la combinación de capas vocales evoca una pléyade de emociones germinadas en una seductora garganta, con susurros, jadeos, sonidos guturales, texturas complejas que en ocasiones consiguen crear una situación atmosférica absorbente, sea con tempos relajados o urgencias sensitivas, y en otras llega al empacho y la paranoia vocal, con iteraciones y algunas concesiones más pop (“Who Is It”).

Entre los participantes en este trabajo encontramos nada más y nada menos que a Robert Wyatt, ex componente de los Soft Machine, quien colabora en el tema “Submarine”, uno de los temas más arriesgados y fastuosos a nivel vocal de todo el álbum.

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