• Por Antonio Méndez

bob-dylan-rough-and-rowdy-ways-album-discografiaCrítica

Disco de Bob Dylan con canciones lentas, largas, entre el blues y el recital, entre la taberna y la habitación a oscuras.
Es bastante aburrido e incomparable en su trascendencia y virtud con sus obras maestras de los años 60.

Se abre con “I Contain Multitudes”, con Dylan citando a gente dispar en un título derivado de Walt WhitmanEdgar Allan Poe, Ana Frank, Rolling Stones, Indiana Jones, William Blake… y afirmando que es un hombre de contradicciones, de muchos estados de ánimo. Como casi todos.
Slide y sonido tranquilo de cámara, de cabaret en decadencia. Recuerda a Tom Waits.




Más ritmo tiene “False Prophet”, un blues swing… no soy un falso profeta, solo voy a donde van los solitarios… Busco el Santo Grial.
Hello, Mary Lou.
Flujo de conciencia con voz rasposa, rota, en un remedo del “Lovin’ Is Believing”, tema blues que Billy “The Kid” Emerson publicó en el año 1954 en Sun Records. Las canciones, al margen del texto, son clavadas. Pero clavadas. Solo hay que pincharlas al mismo tiempo. Muy grandes los bluesman pioneros.

En “My Own Version Of You”, corte de casi siete minutos, parece atemperar el ritmo del “Inspector Clouseau” de Henry Mancini en una historia gótica… he estado visitando morgues y cementerios, vísceras, cuerpos…
Dylan en plan “mad doctor”, vals jazz con ecos de Louis Armstrong. Curiosa.

… he decidido entregarme a ti… Lo he pensando mejor.
Otros seis minutos se expande la escucha de “I’d Made Up My Mind To Give Myself To You”, un dulzón corte romántico, con coros arrullando tipo Broadway y algún arreglo con toque caribeño.
Olvidable.




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Crea una imaginería de mérito en la abatida “Black Rider”… luchador, valiente, un jinete negro de alma angustiada y mente en guerra.
Pieza de cantautor a lo Leonard Cohen en tono tan dramático como monótono.

Un buen corte es “Goodbye Jimmy Reed”, homenaje a esos pioneros, grandes, grandes… del blues-boogie, pavimento del rock.
Jimmy Reed, dame esa religión de los viejos tiempos.
Bob toca la armónica y sube un poco el ritmo.
Formulista, pero bien.

Vuelve la balada y todos sentados a escuchar el recital con fondo sencillo y acústico. “Mother Of Muses” es una pieza aburrida, rutinaria, de cantautor, con Dylan en ocasiones con deje engolado.

Se retoma el blues, ahora en tempo tranquilo, con “Crossing The Rubicon”, a lo Julio César… alea iacta est… alterna voz nasal, ronca, en un blues con un pegadizo riff eléctrico de Blake Mills.




“Key West (Philosopher Pirate)” es uno de los mejores cortes del álbum a pesar de su monotonía.
Son casi diez minutos de un Dylan optimista, complacido… sonido cálido, con acordeón, modo folk vals… de estar en el Cayo Hueso de Florida… si buscas la inmortalidad, es el mejor sitio en el que estar… Si pierdes tu mente, aquí la encontrarás.
Retiro sereno, paradisíaco, de este gran individualista malinterpretado por tantos.

Se cierra “Rough And Rowdy Ways” con “Murder Most Foul”, 17 minutos de recital histórico-trágico con pretensión épica que tiene como eje el asesinato de John Fitzgerald Kennedy en Dallas en noviembre del año 1963.
Esto le sirve, con piano y violín de fondo, a Dylan para evocar y encadenar nombres y acontecimientos… Beatles, Invasión Británica, alusión a los Who, Woodstock, Altamont, cine (What’s New Pussycat)… con Fiona Apple y Alan Pasqua en los pianos.
No revela nada especial en una pieza soporífera.

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