• Por Antonio Méndez

Crítica

El cuarteto Death Cab For Cutie, con Ben Gibbard (cantante y principal compositor del grupo) y Chris Walla (guitarrista y productor) al frente, es uno de los conjuntos de pop independiente más potables de los Estados Unidos.

Después de grabar discos meritorios como “Something About Airplanes” o “Transatlanticism”, entregan ahora “Narrow Stairs”, sexto álbum que nos permite apreciar su sensibilidad melancólica, su talento melódico y su habilidad para la creación de atmósferas y viñetas de calado emocional.

El disco se abre con “Bixby Canyon Bridge”, pieza con goteos de jangle guitar y voz psicodélico-espacial.

death-cab-for-cutie-criticas-discosSu comienzo lento, como una mezcla space-pop entre Pink Floyd y los últimos Wilco en una narración con inquietud sobre el destino, se acera con distorsión eléctrica en la mitad de la canción, preludio de un incremento del tempo que alcanza un fenomenal clímax instrumental en su último tramo.

El segundo corte es “I Will Possesss Your Heart”. Brillante pieza, contiene una larga parte instrumental que crea con su piano y el sinuoso bajo, martilleante e hipnótico (espléndido aquí el trabajo de Nick Harmer), un escenario sombrío e intrigante, antes de que Ben Gibbard remache una atmósfera ansiosa con el deseo y la posesión amorosa en primer plano. La cima del disco.

“No Sunlight” es un corte pop luminoso y dinámico a lo Apples in Stereo cruzados con los Replacements que crea estampas veraniegas de niñez, cuando era un placer estar bajo el sol.

Gibbard contrasta la inocencia de juventud con el progresivo oscurecimiento de carácter del narrador en un mundo competitivo. “El optimista ha muerto en mí”. Ya no hay sol.

El pop-rock de “Cath”, que nos cuenta la historia de una mujer en un matrimonio infeliz, tiene cierto aspecto ensoñador-etéreo de los Built to Spill, el gran grupo de Doug Martsch que también podría interpretar la balada “Talking Bird”.

El ritmo de la romántica felicidad de pareja “You Can Do Better Than Me” es un claro homenaje a los Beach Boys de mitad de los 60.

Esta ultima canción es una corta pieza que antecede a uno de los mejores temas del disco, “Grapevine Fires”. Melódicamente sobresaliente, el piano eléctrico y la sutil batería aportan clase y elegancia, las armonías vocales son muy cálidas, y el texto es un competente ejercicio de contrastes entre gozo amoroso y apocalipsis natural.

Un riff de twang guitar se muestra adhesivo en “Your New Twin Sized Bed”, medio tiempo para escuchar en una hamaca debajo de una palmera, palpitante sección rítimica dinamiza “Long Division”, notable power pop a lo Cheap Trick, y una tabla suena en el inicio de “Pity Fear”, psicodelia a lo Beatles.

El disco, sin bajos pero tampoco sin demasiados altos, termina con “The Ice Getting Thinner”, balada sobre temas clásicos: cambios, paso del tiempo, crisis sentimental…

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