• Por Antonio Méndez

Crítica

Death Cab for Cutie hacen discos de escucha íntima. Escriben composiciones de cariz poético-reflexivo-emocional con melodías dream-pop, tonos muy melancólicos y atmósferas aquietadas con arreglos que ayudan a acentuar un enfoque macilento que nos remiten a un cóctel entre John Lennon, New Order, Big Star o los Beach Boys más sosegados.

Es pop sensible, pulido, amable, con canciones de buen trato literario pero cuya reiteración en ritmos y tonos terminan subrayándose demasiado.

“Marching Bands of Manhattan” es el típico proceder de este grupo bautizado con la canción que la Bonzo Dog Band canta en la película de los Beatles “Magical Mystery Tour”. Tempo calmo con intensidad sentimental in crescendo enfatizado con la percusión iterativa y un mimo “brianwilsonero” en arreglos y producción (a cargo del rubio guitarrista Chris Walla, productor del último y recomendable disco de Nada Surf), que alcanza un clímax apreciable y, en ocasiones, algún desarrollo o coda de cierta imaginación.

“Soul Meets Body”, la segunda canción de un disco compuesto casi en tu totalidad por el cantante Ben Gibbard, se encuentra entre lo mejor del álbum. Dream-pop con gran ritmo en un tempo a lo New Order, mandolinas a lo REM y una coda en donde Gibbard manifiesta que “I want to hear a melody softly soaring through my atmosphere”.

“Summer Skin” es una balada con piano, percusión de tipo militar y texto poético-estival de carácter evocativo. Muy atmosférica. El piano también es importante en la primera parte de “Different Names For The Same thing”, otra pieza lenta de cariz lennoniano-existencial con arreglos de cuerda y una coda que aviva el ritmo con elementos electrónicos y un buen trabajo rítmico de la pareja Nick Harmer y Nathan Good. La canción termina con un sintetizador que parece remedar el de “Baba O’Riley” de los Who.

“I Will Follow You Into The Dark” es un corte romántico espléndido por su sencillez y su labor melódica. Una preciosa pieza acústica folk-pop que vincula a dos amantes en vida y en muerte.

“Your Heart Is An Empty Room”, con arreglos frágiles, es una gema dream-pop llena de delicadeza, sensibilidad, primor melódico (quizá suene un poco a Coldplay y similares) con trasfondo acústico, celeste y un Harmer de pulso constante.

“Someday You Will Be Loved” prosigue con temas lentos romántico-melancólicos y atmósferas ensoñadoras que incluyen guitarras jangle y un intenso clímax con exuberantes arreglos. Es una fenomenal balada amorosa para gente con la suficiente sensibilidad para apreciarla.

Después de tanta pieza relajadilla podemos bailar con “Crooked Teeth” e incluso cantar su sencillo estribillo. “What Sarah Said”, balada con envolvente piano, “Brothers On a Hotel Bed”, con ridícula metáfora, y “Stable Song”, con guitarra acústica, son tres canciones que finalizan el disco de manera aburrida y olvidable dentro de un conjunto meritorio con cuatro o cinco temas de gran valía.

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