• Por Antonio Méndez

“Microcastle” es el tercer disco de Deerhunter, un grupo de Atlanta influenciado por la psicodelia 60’s, la Velvet Underground, el ambient, el noise pop de Sonic Youth, los Galaxie 500 o el shoegazer británico. Bueno, etiqueta tras etiqueta tras etiqueta, todo reciclajes (conscientes o no) de la lisergia de finales de los 60 y comienzo de los 70.

Su pop ofrece voces laxas e instrumentación que alterna arreglos de expresión etérea y/o vaporosa con cascadas de distorsión guitarrera.

La apariencia ensoñadora de su psico-ambient ya es apreciable en su corta intro con empleo de efectos espaciales. Esta pieza es el preludio de “Agoraphobia”, uno de los mejores temas del disco con su medio tiempo de goteantes arpegios jangle pop y ritmo velvetiano. Su texto minimalista es una búsqueda de afecto con Bradford Cox pidiendo con dulce voz que le confortes.

La atmósfera suave y lisérgica de estas dos primeras piezas, y los textos y sonidos de ensueño (el soñar es bastante constante en los textos del álbum) se reiteran a lo largo de todo el disco, sea con “Never Stops”, fuga onírica en ambientes ácidos garaje-pop con significado uso del bajo, o en “Nothing Ever Happened”, rítmica canción con sinuosos y repicantes riffs de guitarras, una dinámica línea de bajo, armonías vocales y fuzz.

La sutileza de su música (con la fragilidad vocal acentuando tal condición) se aprecia en “Little Kids”, pausado corte con ecos de la Velvet, reflejos de campanillas, distorsión puntual y arpegios con cierta evocación oriental.

Otros cortes del disco son la homónima, “Microcastle”, una canción baladera tan letárgica como aburrida (con final en donde su ritmo se aviva y la instrumentación se distorsiona arrimándose a expresiones noise-pop), “Green Jaket”, psico-pop con piano y repique guitarrero de igual efecto soporífero.

Más interesantes son “Activa” psicodelia experimental con voces distantes que no quedaría mal en un disco 60’s de tantísimos conjuntos que grabaron sus LPs en la época sin promoción alguna, “Saved By Old Times”, canción con riff blues-rock y texto con presencias vampíricas, “These Hands”, medio tiempo dream pop sobre el paso del tiempo con perspectiva desesperada en soledad, o “Twilight At Carbon Lake”, punto y final de un disco en donde confluyen con esencia vals-psicodélica una voz perezosa, unas sosegadas guitarras oceánicas y efectos espaciales de película de ciencia-ficción de serie B de los 50.

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