• Por AlohaCriticón

Cuarto disco en la carrera de Deluxe y segundo con textos totalmente en español. Aunque oferta escasa creatividad en la imaginería, y exiguo enfoque poético más allá de frases sensitivas y sensoriales de cierta desconexión narrativa, por lo menos no presenta alguna rima vergonzante que se podía escuchar en un par de piezas del álbum previo y se maneja con mayor madurez en el terreno lírico.

La música es escuchable, suaves sonidos de fácil asimilación popular-radiofónica, con una labor melódica digna y prolijidad en los arreglos, los cuales ayudan a configurar atmósferas reflexivas, confesionales, de cantautor pop melancólico con aspiraciones épicas.

Sus textos dan lugar a las clásicas manifestaciones, muy básicas aunque suficientemente efectivas, sobre inquietud existencial, estigmas pasados, o escepticismos en relaciones amorosas, temas todos ellos conexos en su esencia emocional.

Las canciones tanto recogen resonancias clásicas atemporales, con referencias ineludibles a los Beatles, como a grupos más recientes (y temporales), en especial los sólidos ejercicios catárticos de los canadienses Arcade Fire.

Estos últimos son claros referentes en temas como “Requiem” (sobre todo) o la propia “Colillas en el suelo”, densos sonidos con historias de suicidio, estampas de muerte, lugares desaseados y escapismos vitales, monotonía pero intensidad rítmica, voces chillonas glameras, textos de carácter emocional-catártico, con lugar climático con enervación eléctrica guitarrera, anecdóticos arreglos ventosos, y coros simplistas que le acercan más a Baltimora que a los Beach Boys.

“De tanto callar” es una balada con combinación de sonidos acústicos, guitarras pesadas a lo Neil Young y Crazy Horse, y la anodina descripción del personaje aislado socialmente. En este caso una mujer solitaria, gélida y huraña. Recuerda demasiado a Aute.

“Gigante”, bailable pieza con ritmos nuevaoleros y sutilezas electrónicas, con una expresión vocal muy acertada que ayuda a nublar el tono preventivo del texto. No quedaría mal en un disco ochentero de los Aviador Dro filtrado por los Franz Ferdinand.

Una de las mejores canciones es “No es mi primera vez”, tema con un comienzo muy, muy similar al “Big Mouth” de los Smiths. Aunque el texto es demasiado iterativo, melódicamente y rítmicamente (también con ecos de Morrissey y Marr) resulta muy aceptable, y el apoyo puntual de los metales le aporta estilo a este relato jangle-pop de experiencias y aprensiones en relaciones amorosas con disímil sentir.

“El amor valiente” es una pieza lenta acústica con armónica, y letra muy ambiciosa, con pretensiones de himno, encuentro angelical, y apuntes antibélicos y anticonfrontacionales, pero realmente pobre a nivel poético.

Melódicamente resulta también pedestre, no está a la altura de su concepto pretencioso esta canción que presenta influencias notorias de Dylan cuando no de Paul Simon.

“Simone”, pieza con avivada percusión militar, guitarras repicantes, radiantes coros, y animosos arreglos trompeteros a lo “Penny Lane”, es una de las canciones que presenta mayor ascendencia de los Beatles.

Otros cortes del álbum son “A un metro de distancia”, con apoyo vocal femenino en el estribillo, retumbos spectorianos, riff angular guitarrero, y ritmo similar al del “Can’t You Feeling” de los Jacksons en la segunda parte, “Fin de un viaje infinito”, medio tiempo de dirección épica que le acerca a David Bowie, o “Tendremos que esperar”, canción de limpieza de huellas sufridas que eviten errores pasados. Incluye elegantes vientos que aportan cierta sofisticación soul a este corte pop con melodía e interpretación que cruza a los Brincos con Aute.

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