• Por Antonio Méndez

Crítica

Producido por Dave Fortman, el álbum revelación de Evanescence destaca por su estupenda interpretación vocal, con Amy Lee otorgando gran intensidad y dramatismo a unos iterativos cortes de rock melódico, baladas de acentuación emocional enfatizada por los arreglos, e historias sombrías de exasperación personal.

Algunos de los mejores temas son los que inician el disco, muy bien elegidos como singles, aunando el hard rock con melodía en relatos introspectivos de desesperación y liberación, como en “Going Under”, canción excelente en la que Amy brilla acomodando el registro vocal a la expresión lírica mientras Moody recarga la tensión con un agresivo embite guitarrero, al mismo tiempo que un piano embellece el dramatismo en el puente.

El tema más conocido del álbum es “Bring Me To Life”, una de las canciones, junto a “My Inmortal”, incluidas en la banda sonora de “Daredevil”. Repite los cánones de la apertura, esta vez iniciando la pieza, de regeneración y salvación vital, como si fuese una balada de piano para después instalarse en un hard rock melódico y apasionado en el que Paul McCoy (cantante de los 12 Stones) interactúa vocalmente de manera muy satisfactoria con Amy, creando un clima casi épico-trágico.

“Everybody’s Fool”, iniciado con una telaraña de guitarras acústicas que da paso a su habitual resonancia en donde es la carga emocional de su vocalista la que engrandece un tema que diatriba en contra de la hipocresía, la traición y el artificio.

“My Inmortal” serena el disco con una delicada, hermosa balada sobre la consternación por la pérdida de un ser querido. La pieza, marcada por un dolorido piano y lúcidos arreglos, puede recordar tanto a Sarah McLaghlan como al Martin Gore más intimista, brillando de nuevo la interpretación de Amy Lee, quien eleva en muchos pasajes el álbum debido a su espléndida voz. Gran canción, seguramente convertida en un clásico para los fans de la banda.

A partir de aquí el disco se repite demasiado a lo largo de sus temas, los riffs se copian, se recargan en letras y texturas las atmósferas ya conocidas, con algún acierto en la creación de imágenes y ambientes góticos, textos introspectivos con espacios doloridos, melancólicos y melodramáticos, destacando cortes muy acertados como “Hello”, otra preciosa balada con el piano y la voz de Amy como principales protagonistas; “Tourniquet”, la canción más espiritual del disco, muy rítmica y con un estribillo adhesivo en donde se anhela la salvación en un suicidio de tipo místico; “My Last Breath”, tema con sonidos electrónicos más palpables que muestra a la narradora al borde de la muerte en búsqueda del último disfrute con su amante; y su prórroga, “Whisper”, canción final del álbum en la que parece producirse el encuentro con la muerte en un penetrante corte con sobrecogedores coros medievales.

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