• Por AlohaCriticón

frank black honeycomb album

Frank Black, el líder de los Pixies, se fue a Nashville para grabar “Honeycomb”, un valioso disco con lugar para sonidos country-rock y folk con alguna acotación blues, jazz y soul, sin perder la sensibilidad pop de su escritura.

“Honeycomb” a veces rememora los trabajos más sosegados de Neil Young o las pautas de Van Morrison, sin olvidar a Tom Petty, Bob Dylan, Leonard Cohen e incluso Tom Waits.

Son un puñado de canciones de gran clase, enorme feeling, con tempos moderados, cálidos arreglos, melodías, estribillos y desarrollos instrumentales bien construidos, y una atmósfera íntima y confesional muy compacta, con reflexiones de introspección desde la madurez o estampas y remembranzas femeninas en donde brilla la imaginería, a veces surreal, de su gran autor, uno de los grandes compositores de las últimas décadas.

La madurez mostrada en este LP le ha llevado a sosegar su ímpetu y ardor juvenil y compartir estudio con experimentados músicos de lujo, como el gran Steve Cropper, Spooner Oldham, Reggie Young o el ex miembro de Traffic David Hood. Ahí es nada, tipos veteranos que han mamado grabaciones con muchos de los grandes del soul, el country, el R&B, el rock o el folk.

El disco, con producción a cargo de Jon Tiven, ex compañero de Alex Chilton en la banda de power pop Prix, comienza con “Selkie Bride”, medio tiempo con una grata combinación del piano y los sonidos acústicos de la guitarra que tras una larga intro da lugar a una narrativa en tono delicado y melancólico y en torno a una mujer venida del fondo del mar que no es más que una hermosa sirena de la que Frank Black termina enamorándose.

El single “I burn today” es una animada pieza entre honky tonk y country-folk a lo Tom Waits o Bob Dylan con sonidos de glockenspiel y un gran Cropper a la guitarra, mientras que “Lone Child” despliega un medio tiempo folk de base jazz con un atmosférico trabajo de David Hood y Spooner Oldham, y con un Frank Black con ecos de Neil Young acompañado en un sensible lamento vocal por James Griffin.

“Another velvet nightmare”, co-escrita junto a Red Paley, recuerda a Tom Waits e incluso a Leonard Cohen. Iniciado como una taciturna balada folk-blues progresa hacia ritmos cuasi de vals-blues.

“Dark end of the street” es una gran versión de Dan Penn, con una excelente guitarra de Reggie Young, maravillosos teclados de Oldham y un Frank Black sorprendente en la faceta vocal cantando en plan soul con falsete. El propio Penn mete voces en la pieza.

Uno de los mejores temas del disco es “Go find your saint”, de los cortes con mayor intensidad rítmica del álbum que presenta resonancias de Bob Dylan (con los Traveling Wilburys) o de dos discípulos de éste, Tom Petty y Mark Knopfler. Directa, sencilla, fenomenal canción.

“Song of the shrimp” es otra versión. Esta vez de Elvis Presley con escritura de Roy Bennett y Sid Tepper. Aunque bueno, más que recordar a Elvis, es un tema muy al estilo de Van Morrison.

“Strange Goodbye” es una pieza country-rock cantada a dúo con su ex mujer Jeannette Wright, que trae recuerdos de Gram Parsons y Emmylou Harris. Vivificante y con un estribillo muy contagioso.

La tercera y última versión del álbum es “Sunday Sunny Mill Valley Groove Day”, magnífica canción de Doug Sham que no quedaría mal en la discografía de los Jayhawks o los primeros Wilco.

Otros cortes de este recomendable disco son “Honeycomb”, sensacional balada con voz nasal a lo Neil Young, pasajes de guitarra española y lucimiento para Steve Cropper a las seis cuerdas, “My life storage”, tema que ya le gustaría grabar a los Wallflowers, “Atom in my heart”, una de las mejores canciones del disco con un country-rock de primer nivel, “Violet”, balada con pegadiza melodía compuesta bajo inspiración clara de Leonard Cohen, y “Sing for joy”, tema folk para entonar en la barra del bar con un coro de amiguetes.

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