• Por AlohaCriticón

En su segundo álbum, “Antics”, Interpol crea un melancólico, atmosférico y dramático pasaje sonoro, siendo su principal tara que las canciones recaen en estructuras repetidas, faltas de sorpresa a pesar del buen acomodo atmosférico para desplegar viñetas noctívagas con intensidad vocal e instrumental, básica y derivativa pero en muchos momentos efectiva, destacando el trabajo de la sobresaliente sección rítmica de Dengler y Fogarino.

El disco se abre con “No Exit” medio tiempo iniciado con un órgano estilo Procol Harum desarrollado con pretensiones de épica, sutileza melódica, atmósfera psicodélica, aspiraciones ensoñadoras y voz que concede dimensión a unos textos de carácter introspectivo que intentan recuperar la sensibilidad al mismo tiempo que limpiar de mierda el mundo.

En “Evil” Carlos Dengler ejecuta de manera estupenda un bajo pixiano, siendo los versos dominados por la fortaleza de la sección rítmica y el estribillo por un potente riff guitarrero, siempre manteniendo al bajo como principal definidor instrumental de un apreciable y dinámico corte.

“Narc” es un buen tema con guitarra angular, urgente ritmo in crescendo y un sentido melodramático de la composición que debe bastante a Joy Division o Television, al igual que “Take you on a cruise”, destacada pieza con sugerentes y llorosas guitarras semilisérgicas, en donde construyen ensoñadores ambientes y viajes épicos a través de emociones muy bien trasladadas por su vocalista.

“Slow hands”, indie rock bailabable presentado como single, se significa por un tempo más dinámico y una temática clásica de desamor. El pulso brioso permanece en “Not even jail”, con un intenso y lisérgico muro sónico que acentúa el empleo melodramático de su escritura, la cual se sirve de la melancolía para ofertar el tono de “Public Pervert”, una pieza con un estribillo interesante y penetrante que reitera unas concomitancias sonoras muy redundadas, lo que termina perjudicando al final del álbum.

“C’mere” no ofrece mucho más allá de un sencillo híbrido amoroso entre los Smiths y los primeros R.E.M. con un riff reseñable y un sentido melódico-rítmico aceptable; la banda de Michael Stipe, junto a los Joy Division de Ian Curtis, vuelve a resonar en la escasa “Length of love”, mientras que el atmosférico medio tiempo “A time to be small” no sobresale demasiado en un conjunto cuya iteración termina resultando cansina.

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