• Por AlohaCriticón

Ex componente de bandas como Helio, Arden Lágrimas o Relicarios, el sevillano Jose Casas se manifiesta como un habilidoso orfebre de la escritura pop, mostrando tanto ascendencias de la efervescente new wave inglesa de finales de los 70 y comienzos de los 80, como del power-pop con trazas byrdsianas y reflejos del pop 60’s, en especial la psicodelia.

“Plasticland” es su primera entrega como solista, un álbum que conoció su primera difusión allá por el año 2003 y que unos años después vuelve a ser lanzado al mercado.

Baudelaire es el inspirador del título de apertura que principia el disco, “Behind evil flower’s park”, un dinámico y escuchable pop-rock de herencia nuevaolera británica, con especial fijación por el sello londinense Stiff y gente como Nick Lowe o Elvis Costello.

Este legado new wave es también perceptible en “Plasticland”, pieza de querencias y lamento con guitarra acústica de “ritmo de la noche”, aquellos que calcaron a Pablo Cruise, y un épico tramo final en el que brillan arreglos simulando cuerdas y trompetas “pennylaneianas”, las cuales sirven de forma efectiva para acentuar la evocación quejosa con existencia en la tierra de plástico.

La electricidad del potente riff guitarrero que significa la intro de “My Five Senses” enerva el tempo del disco e inicia un corte de interesante tono acetrinado con ambiciosas variantes sónicas.

Adopta aquí Jose Casas, quien exhibe unos excelentes registros vocales a lo largo de todo el álbum, una expresión más grave-garajera con base rítmica reggae y lugar para un tramo rap femenino en el que participa Sandra Rubio.

Un calco del Bowie glamero es lo que oferta “Robin Hood Song”, canción pausada con referencias-espejo entre los amoríos de Marian y el antihéroe verdoso de Sherwood. La encomiable labor guitarra eléctrica en combinación con la acústica posee cierta valía atmosférica que, unida al puntual falsete, ayuda a elevar el sentir emocional de la pieza.

Los años 60 destellan en “Bo Diddley Kidnaps”, historia de secuestro con potente sonido agarajeado, nervudas líneas de guitarra R&B, burbujeantes remedos de celeste, y bulliciosos coros, o en “Where Are My Heroes Living”, rítmico pop psycho-garage con logradas texturas lisérgicas, guitarras envolventes, órgano, y expresiones vocales con algún eco en el estribillo de los Who del “A Quick One” y en las estrofas del “Notorious Byrd Brothers” de los Byrds. En su conjunto no quedaría mal en cualquier disco de los Count Five, Music Machine o Chocolate Watchband, lo que ya es decir mucho.

Los Byrds y la referencia de la guitarra de doce cuerdas de Roger McGuinn es clave en “Change Your Tale”, tema de sonidos luminosos con expresión melancólica, conjunción inherente dentro el power-pop y en el conjunto escocés que invoca la canción (además del jangle-pop/folk-rock de los Byrds), los Teenage Fanclub.

El disco culmina con “Running man”, cálido medio tiempo new wave de escapadas con alguna somera resonancia country-rock, incisivo estribillo, varianzas melódicas notablemente orientadas de poso Beatles, y suficiente calado sensitivo, que logra la trascendencia exigida en su confesión y exhortación emocional.

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