• Por AlohaCriticón

Kurt Heasly vuelve a mostrar en este álbum de sus Lilys su sonoridad noise-pop y space-rock neopsicodélico en una colección de canciones heterogéneas tan deudoras de los My Bloody Valentine como de los Pixies, The Cure, el kraut-rock, el sonido Madchester o la psicodelia surgida a finales de los años 60, en especial Pink Floyd.

Su composición se aposenta en la creación de texturas alucinógenas repletas de efectos sónicos, con guitarras distorsionadas ensuciando las melodías pop, voces lisérgicas con tonos melancólicos, vivaces ritmos hipnóticos…

El disco se abre con el space-rock de “Black Carpet Magic”, obteniendo una atmósfera neopsicodélica muy sugerente con iteración rítmica, apresurado tempo e inspiraciones del kraut-rock germano de finales de los 60 y comienzos de los 70.

”With Candy” es una de las mejores melodías dream-pop del disco con una percusión minamilista y un idóneo uso de los teclados en comunión con las guitarras jangle en una canción en donde la influencia de los Pixies es más que notoria, hecho que se produce también en la pegadiza y magnífica “The Night Sun Over San Juan” (el mejor tema del disco), en donde las guitarras repiquetean alegremente, la voz parece doblada en algún momento y la base rítmica nos traslada también hacia los Cure, por otra parte un grupo bastante influyente en la escritura de Frank Black.

“A Diana’s Diana” es un corte disco-funk discordante en el álbum que ayuda a conceder mayor eclecticismo al trabajo, mientras que en la sosegada “Knocked on the Fortune Teller’s Door” se retoman y recargan atmósferas space-noise-pop con vocalidad etérea y dejes de Pink Floyd, remedados con otras herencias del período décadas después por las bandas neopsicodélicas y dream-pop aparecidas en los años 80 y 90.

“Where the night goes”, canción a lo Stone Roses con tintura cetrina, ritmos cuasi mantra y letras que se pierden en el espacio para recogijo único y principal de quien las expresa bien cargado de sustancias psicotrópicas.

“Still In All the Glitter” es un pop psicodélico muy de finales de los 60 con unas notas de piano que enaltecen el sentido ensoñador de la pieza, al igual que la sencillez y reiteración de la ejecución instrumental (incluido una postrera campana).

La canción que da título al disco, “Everything Wrong Is Imaginary”, es un instrumental con un óptimo sentido del ritmo, la balada “O.I.C.U.R.” es un ejercicio a lo Pink Floyd de los 70, al igual que el templado corte acústico con “Scott Free”, con juego vocal a lo Beatles y trazos de Cat Stevens, final de un un disco nada desdeñable para los amantes de la melodía psicodélica contemporánea.

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